
Eduardo Mackenzie
Eduardo Mackenzie*
“He decidido llamar a consulta a nuestra embajadora en Israel. Si Israel no detiene la masacre del pueblo palestino no podemos estar allá”. El presidente Gustavo Petro persiste en su tarea de sacar a Colombia de la esfera de los países civilizados para reforzar el campo de las dictaduras tanto marxistas como islamistas.
Eduardo Mackenzie*
Ni los comunistas franceses creen ya en la capacidad de Gustavo Petro para salir de la crisis de su grotesca presidencia.
Eduardo Mackenzie*
¿Quién puede creer que Gustavo Petro disipó los “malentendidos” que crearon sus declaraciones incendiarias contra Israel de estos días? ¿Quién puede creer que una charla telefónica de 10 minutos entre el ministro Álvaro Leyva y su homólogo israelí, Eli Cohen, puede borrar un agravio de esas dimensiones?
Eduardo Mackenzie*
En días pasados, un canal de televisión colombiano organizó un panel de discusión sobre los trágicos hechos del 7 de octubre en Israel. Como en ese intercambio fueron lanzadas, sin contradicción alguna, una serie de afirmaciones erróneas vale la pena proponer aquí algunas observaciones críticas.
Eduardo Mackenzie*
Abyecta, absolutamente abyecta, es la posición asumida ayer por el presidente Gustavo Petro ante el ataque terrorista de Hamas contra Israel este 7 de octubre.
Eduardo Mackenzie*
El presidente Gustavo Petro es prisionero de una obsesión creciente: ver en sus adversarios unos “nazis”, “fascistas” y “genocidas” que hay que tratar en consecuencia. Incurre en ello sin pudor y respeto alguno por las víctimas de la exterminación de los judíos de Europa a manos de la dictadura hitleriana durante la segunda guerra mundial. Petro usa y abusa de esos términos y se descalifica él mismo al hacerlo. Percibe esos calificativos como armas retóricas, como si la densidad moral, espiritual y jurídica del asesinato sistemático de seis millones de judíos no fuera algo singular y difícilmente transferible a otros países y a otras calamidades humanas.
Eduardo Mackenzie*
No, ni Gustavo Petro, ni su ministro del Interior, Fernando Velasco, repudiaron el cobarde asalto de la llamada “minga indígena” contra la revista Semana. Ambos personajes fueron deliberadamente lacónicos, avaros en palabras, mezquinos. Ambos se negaron a condenar ese acto inmundo, a pronunciar siquiera la frase “violencia contra la revista Semana”. Ninguno habló en términos audibles de los agresores, de los asaltantes, de los indígenas enmascarados del Cauca invitados a la capital por el mismo presidente Petro para que vinieran a hacer de las suyas y a culminar de esa manera bárbara la llamada “toma de Bogotá”, con la cual él y su circo político aspiran a hacer creer que les queda algo de respaldo popular catorce meses después de haber iniciado el despótico y estrambótico gobierno actual.
Eduardo Mackenzie*
Un libro de Víctor Farías descubre la cara oculta de Salvador Allende