Dos opiniones sobre la actualidad política

Dos opiniones sobre la actualidad política

Luis Guillermo Vélez A.*

(1) “2026: el año en que Colombia puede cruzar un punto de no retorno

Las economías no colapsan de un día para otro. Antes de que aparezcan la hiperinflación, la devaluación masiva, la cesación de pagos o el cierre del crédito internacional, ocurre algo más sutil y más peligroso: se deterioran las condiciones que hacen posible el funcionamiento normal del sistema económico.

Hoy Colombia no enfrenta una crisis abierta. Pero sí muestra signos de erosión en su atmósfera económica. El riesgo no es un estallido inmediato, sino la acumulación de deterioro. Puede haber gasto, puede haber consumo, puede haber retórica redistributiva, pero no hay crecimiento complejo.

La teoría económica lo explicó hace casi un siglo. Ludwig von Mises demostró que sin propiedad privada y precios formados en el mercado no es posible calcular racionalmente qué proyectos generan valor y cuáles destruyen recursos. Más tarde, Friedrich Hayek explicó que los precios transmiten información dispersa que ningún gobierno puede centralizar.

Cuando las señales se distorsionan —por intervenciones discrecionales, inseguridad jurídica o incertidumbre regulatoria— el cálculo económico se vuelve opaco. Y cuando el cálculo falla, la inversión se frena.

Eso es exactamente lo que empieza a observarse en Colombia: caída relativa de la inversión privada, crecimiento potencial reducido y productividad estancada. No es colapso. Es debilitamiento.

El riesgo estructural más serio no es un golpe militar ni el cierre del Congreso. Es algo más sofisticado: la captura progresiva de instituciones clave sin ruptura formal del régimen democrático. Un “golpe por cuotas”. Este fenómeno se caracteriza por:

Colonización gradual de órganos de control.

Presión política sobre entidades autónomas.

Uso selectivo del aparato sancionatorio.

Deslegitimación discursiva de los contrapesos.

No se necesita abolir la Constitución para alterar su funcionamiento real. Basta con modificar los equilibrios internos.

El impacto económico es inmediato en expectativas, aunque no siempre visible en cifras. Aumenta la prima de riesgo, se acortan los horizontes de inversión y el capital se vuelve defensivo.

A esto se suma un factor crucial: la fragmentación territorial. Cuando el Estado pierde control efectivo en regiones productivas mientras aumenta la presión regulatoria en la economía formal, se produce una asimetría peligrosa:

Más intervención donde hay legalidad.

Más impunidad donde hay ilegalidad.

El resultado es desplazamiento progresivo de actividad hacia la informalidad o economías ilícitas. No porque los empresarios prefieran el desorden, sino porque la atmósfera formal se vuelve más densa que la alternativa irregular.

El proceso no es instantáneo. Puede describirse en cinco etapas:

Polarización y deslegitimación institucional.

Intervenciones regulatorias selectivas.

Caída sostenida de la inversión.

Desanclaje de expectativas fiscales y monetarias.

Estancamiento estructural.

El punto crítico no es una crisis espectacular. Es el momento en que la economía entra en una trampa de bajo crecimiento difícil de revertir.

Podríamos definir ese punto de no retorno como la coincidencia de tres factores durante un periodo prolongado: inversión privada deprimida, crecimiento potencial inferior al 2% y prima de riesgo persistentemente alta frente a la región. Cuando eso ocurre, el país no estalla. Simplemente deja de avanzar.

La elección presidencial de 2026 puede convertirse en una bifurcación estructural.

Si para entonces la erosión institucional es limitada, un giro claro hacia estabilidad regulatoria, respeto a la autonomía monetaria y recuperación territorial podría restaurar confianza con relativa rapidez.

Pero si la captura institucional y el debilitamiento territorial se consolidan antes de esa fecha, incluso una alternancia política podría encontrar un aparato ya reconfigurado y un daño acumulado difícil de revertir.” (Marzo 15)

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(2) Una amenaza llamada Staliván Cepeda

“Hijo de padre y madre comunistas, militante de la JUCO desde los 13 años y del PCC durante la mayor parte de su vida adulta. Se formó en filosofía marxista en Bulgaria, cuando ese país estaba gobernado por el estalinista Todor Zhiykov. Amigo público de las FARC y sus supuestas disidencias y defensor oficioso de criminales como Iván Márquez y Jesús Santrich. Este es, en síntesis, Iván Cepeda Castro.

Cuando se revelaron los crímenes de Stalin y después de la invasión soviética a Hungría en 1956 y a Checoeslovaquia en 1968, los partidos comunistas de Europa Occidental empezaron a alejarse del comunismo soviético y del modelo de gobierno unipartidista, antidemocrático y dictatorial de prevaleciente en la Unión Soviética y en los países de Europa Oriental. En 1977 los partidos comunistas de Francia, España e Italia lanzaron el movimiento del Eurocomunismo que renunciaba a las ideas de partido único y dictadura del proletariado y proclamaba que el socialismo debía construirse sobre una base democrática, pluralista y multipartidista.

El Partido Comunista Colombiano, el partido de Cepeda, se mantiene en la más pura tradición estalinista. En su programa se lee lo siguiente:

“El proyecto político de los comunistas se fundamenta en las experiencias de organización, de lucha y de construcción de una nueva sociedad de los proletarios del mundo, reconoce que en la revolución bolchevique de octubre de 1917 y en otras experiencias de Europa Oriental y algunos países asiáticos, así como en Cuba, actualmente, se han dado los más serios intentos -conocidos hasta el momento- de construir una sociedad alternativa al capitalismo y de emprender la construcción socialista a escala universal”

Países como China y Vietnam, gobernados por comunistas, han aceptado el mercado, la propiedad privada y la ganancia para impulsar el crecimiento económico.  El Partido Comunista Colombiano, el partido de Cepeda, no ha renunciado a la planificación centralizada que ha fracasado donde quiera que se ha implantado. En su programa se lee lo siguiente:

“La propuesta alternativa establecerá una planificación económica, científica, democrática, flexible a nivel local, regional y nacional, mediante la participación y representación de las fuerzas sociales populares, las fuerzas políticas revolucionarías, democráticas y progresistas en todos los organismos de planificación que permitan capacidad de decisión y control sobre los instrumentos y mecanismos de dicha planificación, incluido el presupuesto nacional”

Y esta otra sobre la propiedad social:

“La meta del Partido Comunista Colombiano es el socialismo. Bajo las condiciones de la propiedad social de los medios de producción y de la planificación social general de la economía, puede formarse, en un proceso histórico largo, un nuevo orden de convivencia de los seres humanos”[4]

El Partido Comunistas Colombiano, el partido de Cepeda, es un partido estalinista partidario de la planeación centralizada y de la dictadura del proletariado.” (marzo 16)

* Publicados en su cuenta de X (@LuisGuillermoVl).