(1) Que mueran los egos y renazca Colombia

Alexander Cambero mayo 24, 2026

Alexander Cambero

Nos aproximamos al momento cumbre de la elección. La primera vuelta presidencial está calentando motores. El 31 de mayo se dará la partida para unos comicios colmados de incertidumbre. La decisión de los colombianos tiene una importancia capital para su suerte a futuro.

El riesgo de una reelección de la izquierda es una realidad que debe analizarse deslastrándose de pasiones infantiles; siendo pragmáticos, es fundamental que se ponga énfasis en lo que puede significar eso para la nación. Iván Cepeda es un sórdido personaje con un pasado entre la violencia que sembró de muerte a Colombia y las viudas del socialismo que lloraron copiosamente la caída del socialismo en el epílogo que enterró el muro de Berlín. El candidato del Pacto Histórico se formó en la Bulgaria de Todor Zhivkov, el déspota líder que gobernó al país durante treinta y cinco años imponiendo el terror; su sumisión a Moscú fue tal que el gobierno soviético lo nombró como héroe nacional. El adoctrinamiento que materializó su gestión tuvo su epicentro formativo en la Universidad San Clemente de Ohrid en Sofía; el veneno ideológico se obstinaba en sembrarse en las mentes de sus alumnos. Allí estudió el abanderado del continuismo. Igualmente tuvo su tránsito por la tenebrosa escuela de cuadros Dimitar Blajoer, en donde se forjaban sus nuevos pinos. Al final de los caliginosos tiempos su postura ideológica terminó perdiendo la batalla cultural. Es lógico suponer que toda esa frustración por la derrota de su pensamiento traiga consigo la sed de revancha, estamos hablando de un fundamentalista con fuertes lazos con grupos del terrorismo internacional. La nación sería un enclave perfecto para ellos, allí encontrarían la materia prima para producir el veneno que no solo les originaría enormes ganancias, igualmente el posicionamiento estratégico para llevar sus planes expansionistas por todo el hemisferio. Es por ello que es sumamente peligroso que llegue al poder. Colombia entraría en una espiral en donde le costaría muchísimo salir del averno. El tormento de la violencia recibiría el aliento necesario para proseguir, haciendo del crimen su mayor motivación. El narcotráfico y la guerrilla tendrían el aval presidencial para manejarse a sus anchas.   

Es necesario que la sensatez actúe en las decisiones de los demócratas. No es el momento para el protagonismo enfermizo de quien se crea el ungido. Ponerse de acuerdo en puntos comunes, teniendo en cuenta al adversario real y el objetivo fundamental, que es devolverle la democracia al país. Todavía estamos a tiempo de poder lograrlo. La grandeza es la que marca la huella entre un estadista y cualquier político. Que la pequeñez no le ponga la banda presidencial al arrebato; la desgracia sería mayúscula.

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(2) Estados Unidos y China ¿Amos del mundo? 

Alexander Cambero

Un mundo que se debate entre fuerzas antagónicas. El presidente Donald Trump viajó a China para encontrarse con Xi Jinping en un episodio geopolítico convulso. En Washington sienten que su desgaste político viene trayéndole dificultades económicas que capitaliza eficazmente la inteligente Beijing, con la astucia milenaria de ejercitar la conflagración antes de empuñar las armas; atrajo al ratón hasta su trampa. El cebo es el crecimiento chino que imparablemente controla mercados, reduciendo a los Estados Unidos a tener que inventariar su estrategia perdida en las nebulosas de sostener que la guerra devolverá el predominio ejercido durante décadas. En estos encuentros, es fundamental en el ánimo de la comprensión saber interpretar lo que no se dice. Las puestas en escena definen mejor las cosas.  Al mandatario norteamericano lo recibió el vicepresidente Han Zheng; no es un gesto meramente protocolario, es indicarle que su destino será la medalla de plata en el podio mundial, que quien ejercerá el liderazgo universal lo espera en sus predios, que no se olvide de llevarle la corona de olivos para ensalzar al exultante Xi Jinping.  

En el palacio del pueblo aguardaba el gran tigre asiático. Alfombra roja y honores de Estado para el presidente norteamericano Donald Trump. Caminaron por el amplio complejo Zhongnanhai, que sirve como asiento presidencial y sede central de la cúpula del Partido Comunista. Segunda enseñanza: la de mostrarle a su adversario el envase que contiene el origen de sus estrategias, todo como la base de lanzamiento de lo que compartirían en las conversaciones privadas. El debate debió haber sido un sincericidio. Cada uno conoce cuáles son sus potencialidades en este momento cuando la volatilidad es la ruta que impera en la realidad universal. China contraataca haciendo inversiones que rompen récord en Europa 18.976 millones de euros en el 2025 (un crecimiento del 67% con respecto al año anterior). América recibió 14.710 millones de dólares. En los Estados Unidos, unos importantes nueve mil millones de dólares. Como podemos observar, su énfasis está en consolidar el mercado actuando bajo la égida de la libertad comercial.

La estrategia estadounidense se afianza en el control del petróleo. Con Venezuela en la bolsa, nuestro país recibió más de treinta mil millones de dólares en préstamos chinos que cancelaba a través de cuatrocientos mil barriles diarios que iban como amortizador de la deuda venezolana; teniendo el control ahora Estados Unidos, el asunto cambia sustancialmente. Quieren tener pleno dominio sobre el estrecho de Ormuz, por donde circula diariamente más del 25% del hidrocarburo mundial. Manejando este espacio estratégico, pueden ahorcar la economía mundial y obligar a China a negociar en términos desventajosos. Para poder operar el gigantesco armazón del Estado, China requiere del petróleo mientras desarrolla otras fuentes de energía. Ese es el as debajo de la manga de Trump, pero comete un error táctico que sus asesores pasaron por alto. Y no es otro que China no es la extinta Unión Soviética. Uno de sus grandes fracasos fue el estatismo. La rigidez asfixiante de su planificación terminó ahogando cualquier iniciativa. La escasez crónica de bienes y servicios y la excesiva dependencia del estancamiento se hicieron intolerables. Tenía el control esclavista de países sometidos a sus dictados. La desproporción hegemónica un buen día rompió las costuras de la obesidad mórbida del aparato estatal para estallar en pedazos. Fue muy fácil para Estados Unidos darle los santos óleos a un paciente terminal. La China actual es harina de otro costal. Su sistema económico privilegia el libre mercado. Juega con las mismas reglas que Estados Unidos en esta área estratégica. La guerra silenciosa es con planes financieros que persiguen captar la inversión en los mercados. Ganar espacios para ir neutralizando al otro gigante económico. Es producir riquezas que espanten cada día a la pobreza como el ensayo errático de aquellos que sostienen que el estado siga siendo quien lo controla todo. Esa es la gran conflagración en escenarios que pocos conocen.     

La declaración final de Xi Jinping fue la fina cereza del pastel. Su discurso lo llevó hasta lograr la paz manteniendo una relación de respeto. No elogió a Donald Trump, se refirió en términos laudatorios a los Estados Unidos, pero para encauzar el asunto habló de la trampa de Tucidides, que tiene que ver con la lucha que puede darse entre la gran potencia de siempre y aquella que emerge con la intención de destronarla. ¿Quién terminará imponiéndose?Sencillamente, aquella que sepa que es cooperando y no tratando de ejercer el coloniaje la que al final servirá de guía.

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(3) Cuatro fantásticos de la política

Alexander Cambero

El desencuentro de la política con el ciudadano es una deformidad de los últimos tiempos. El pueblo no se siente expresado en quienes no los eligió nadie. Quien es embrión de una cúpula no puede comprender lo que se mueve en las entrañas. Para aquellos que responden al pensum de estudio del cogollo, solo les importa estar bien con el Caudillo.

Venezuela gozó de una extraordinaria experiencia  política, nacida desde abajo. Rómulo Betancourt, construyó un partido que se asemejaba al venezolano. Supo comprender que el palúdico hombre, con el ombligo pegado a su suerte, merecía ser protagonista de nuestra historia. Una visión de un país al que supo interpretar como nadie.

Rafael Caldera, entendió que existía la posibilidad de contrarrestar aquella esencia ideológica, con el humanismo cristiano. Para el respetadísimo jurista era una ciclópea tarea lograr un espacio importante ante la fortaleza de una Acción Democrática, sembrada en el alma nacional, pero paulatinamente logró su cometido. A pulso forjó una alternativa que se hizo fuerte para equilibrar las cargas. Tuvo que apagar horas de estudio para recorrer un país que comenzó a reverdecer con aquella inteligencia atómica.

Gustavo Machado, era el irreverente gallo rojo que fue ilusión. Fiel a su historia el Partido Comunista de Venezuela, hurgó en las raíces obreras. En la navaja humilde que cortaba la suela de las alpargatas, encontró asidero para exteriorizar ideas, no era fácil representar una doctrina desafiante ante una sociedad conservadora. Su pensamiento se inspiró en los trabajadores del campo y la ciudad. Su esencia cavó hondo en las lágrimas copiosas de las injusticias.

Unión Republicana Democrática fue las dotes del gran tribuno. Jóvito Villalba parecía un encumbrado senador romano, haciendo gárgaras con un verbo atiborrado de genialidad, su prestigio lo agigantó ante la gente. El amarillo de su bandera no era una apología al paludismo, significaba un pensamiento que no terminó por germinar. Estos hombres encendieron el fuego de la antorcha que fue trasladándose a otras manos.

¿Qué caracterizó a estos pensamientos tan disimiles? Sin lugar a dudas una lealtad a los principios, una entrega sin descanso a un ideal que anhelaba una Venezuela justa. Sus vidas eran ejemplo de rectitud. Los dones de una política concebida con grandeza. Lo que vemos ahora es el ataque artero. La traición como sello imborrable de una manera equivocada de ser interprete del colectivo. La deformación contemporánea hace que el ciudadano vea al político como un mentiroso. Un taimado personaje que anda poniendo trampas.

El currículo de muchos líderes actuales: es la de aquellos que han hecho de la política el negocio de sus vidas. Mercaderes de sueños, seres nacidos sin memoria, ni trayectoria ejemplar. Hasta ese infierno descendimos, una amarga pena. Afortunadamente existen algunos motivos para creer que podemos cambiar.

alexandercambero@hotmail.com

Alexander Cambero

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