(1) El Coronell en su laberinto

Ricardo Arrieta C. junio 20, 2026

Por Ricardo Arrieta C.

“¡Cómo voy a salir de este laberinto!”. Gabriel García Márquez, El general en su laberinto

Hubo una escena, transmitida en estos días previos al 21 de junio, que merece más atención de la que recibió. El analista político Jorge Osma, sin el micrófono institucional de los grandes medios ni el peso del establecimiento capitalino, le explicó a Daniel Coronell, por qué había decidido votar por Abelardo de la Espriella. No lo hizo con ira ni con consignas: lo hizo con una balanza. Puso en un lado los riesgos, y en el otro los vínculos documentados de Cepeda con actores que operaron por fuera del pacto democrático, el agradecimiento público de Santrich hacia “el compañero Cepeda”, los trinos sobre Maduro y Chávez y las menciones en los computadores de Raúl Reyes. Coronell intentó el movimiento clásico del periodismo de captura: el whataboutism. Osma lo absorbió en una frase y volvió al centro. En ese momento, la incomodidad en el rostro del periodista dijo lo que sus palabras no podían decir: el ciudadano estaba razonando mejor que quien lo interrogaba. Como el general de Gabo navegando el Magdalena hacia su propio ocaso, Coronell avanzaba en su laberinto sin poder salir de él: fue a encuadrar y terminó siendo desenmascarado. “¡Cómo voy a salir de este laberinto!”, resuena la pregunta de la novela. Coronell no se la hace todavía. Eso lo hace más grave.

Lo que esa escena revela no es una anécdota sino una crisis. El periodismo de captura funciona mientras el ciudadano no razona en voz alta. Depende de un interlocutor que pueda ser corregido, reencuadrado, devuelto al guión. Cuando el ciudadano razona con serenidad, cuando conoce los argumentos del otro lado y los ha sopesado, cuando no habla desde el resentimiento sino desde la deliberación, el periodista parcial queda expuesto no por lo que dice sino por lo que no puede responder. Osma no buscaba convencer a Coronell: estaba ejerciendo en público exactamente lo que Jürgen Habermas llamó la acción comunicativa. Hablaba para ser escuchado, no para vencer. Y esa serenidad es en sí misma un argumento democrático que los grandes medios capitalinos, convertidos en parte del oficialismo, no saben cómo procesar porque su lógica no es la del diálogo sino la del encuadre.

Lo que Osma articuló con palabras propias tiene una historia más larga que estos días de campaña. Miguel Uribe Turbay lo advirtió hasta el cansancio, con esa habilidad del prestidigitador que Gustavo Tatis Guerra retrató con maestría y que García Márquez conocía bien: la de ver lo que los demás no ven porque saben dónde mirar. El Acuerdo de Santos no fue roto: nunca nació. Lo que se firmó en Cartagena fue la institucionalización del conflicto, no su cierre. Las FARC no depusieron las armas: las relocalizaron. Y quien advertía eso tenía que convertirse en obstáculo, porque refutarlo obligaba a debatir los hechos y eso el andamiaje del acuerdo no podía permitirse. No toda lealtad constitucional es virtud: hay quien invoca el pacto con los mismos labios con que bendijo un acuerdo que prometió cerrarlo todo y no cerró nada. Esa columna vertebral doblada tiene un nombre: el Acuerdo de Santos. Y Cepeda es su heredero natural.

Pocas horas después de que Osma pusiera su balanza en televisión nacional, María José Pizarro publicó en nombre de Cepeda una denuncia penal contra De la Espriella: La precisión de las cifras era parte del dispositivo: no importa si la denuncia prospera, importa que el titular circule. Faltando pocos días para la segunda vuelta, ningún proceso judicial puede resolver nada. Pero el daño reputacional no necesita resolución: necesita difusión. Esta andanada no tiene antecedentes en la historia electoral reciente del país: es la primera vez que lo judicial ocupa de manera tan descarada el espacio que debería pertenecer a la democracia deliberativa, y lo ocupa precisamente a falta de solvencia democrática. Quien tiene argumentos delibera. Quien no los tiene, denuncia.

Norberto Bobbio lo advirtió con precisión: “El avance de la democracia se medirá por la conquista de los espacios que hasta ahora están ocupados por los centros de poder no democráticos.” Lo que Cepeda hace es exactamente lo contrario: ocupa el espacio judicial para desalojar el espacio deliberativo. La paradoja no es menor: Bobbio era un hombre de izquierda. Es la izquierda retratándose a sí misma. Porque lo que Europa no entiende o no quiere ver cuando apoya a Cepeda desde sus cancillerías es que está confundiendo su propia izquierda con esta. La izquierda europea se desarrolló dentro de la democracia comunicativa, sometida a la fuerza del mejor argumento, aceptando la derrota electoral como parte del juego. La izquierda que Cepeda encarna nació y creció en el ardid, en la alquimia de las pasiones tribales, traicionando la democracia como conquista y convirtiéndola en aparato para la reificación y el desencanto, cuando la prosperidad y el cultivo de la humanidad que alguna vez fueron el horizonte se revelan como espejismos administrados por quienes prometieron alcanzarlos.

El domingo 21 de junio, millones de colombianos harán lo que hizo Osma frente a Coronell: pondrán una balanza. No la balanza de los académicos ni la de los medios que ya eligieron, sino la balanza del ciudadano que ha vivido cuatro años de promesas rotas, de guerrillas que crecen, de acuerdos que no cierran nada, de un relato del conflicto que necesita perpetuarse para seguir siendo útil. Frente a eso, la figura de De la Espriella no propone la perfección sino algo más escaso y más necesario: la apertura. La puerta que se abre de par en par en lugar de la que se cierra eternamente sobre el mismo discurso quejoso. El maridaje de todas las sangres en lugar de la pureza ideológica de la trinchera. La hamaca que mece y acoge en lugar de la frontera que detiene y separa. Eso es lo que está en juego el domingo. Y Jorge Osma, sin saberlo, lo dijo mejor que nadie.” (Junio 17)

Referencias

Bobbio, Norberto. El futuro de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica, 1986.

Coronell, Daniel. Diálogo con Jorge Osma. El Reporte Coronell, YouTube, junio de 2026. Reseñado en Pulzo, 15 de junio de 2026.

García Márquez, Gabriel. El general en su laberinto. Bogotá: Oveja Negra, 1989.

García Márquez, Gabriel. “La mejor profesión del mundo.” Discurso ante la 52.ª Asamblea de la SIP, Los Ángeles, octubre de 1996.

Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa. Madrid: Taurus, 1987.

La Silla Vacía / La Liga Contra el Silencio. “Mención de Iván Cepeda en computador de las Farc no fue un montaje.” 22 de febrero de 2026.

Tatis Guerra, Gustavo. La flor amarilla del prestidigitador. Cartagena: Universidad de Cartagena, 2012.

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(2) Coronell: El periodista que no leyó el informe

Ricardo Arrieta C.*

“El periodista que no leyó el informe. Los computadores de Reyes

@DCoronell es un periodista de credenciales reconocidas. Ha construido una trayectoria sobre la verificación rigurosa, la denuncia documentada y el escepticismo ante las versiones oficiales. Por eso resulta desconcertante —y merece examen— que la noche del 15 de junio, a seis días de la segunda vuelta presidencial, haya publicado un trino que descansa sobre una afirmación técnicamente exacta pero argumentativamente deshonesta: En sus propias palabras: ‘no había correos electrónicos en el computador de Raúl Reyes (…) el equipo de Reyes no contenía correos sino documentos de word.’⁶ El capitán Ronald Ayden Coy Ortiz, de la DIJIN, lo declaró bajo juramento ante la Fiscalía. Hasta ahí, Coronell tiene razón. Pero ahí termina su precisión. Lo que viene después no es periodismo de verificación: es una maniobra de distracción que usa el conocimiento técnico para evadir una realidad que los documentos, con independencia de su formato, establecen con claridad.

Las FARC no usaban Outlook. No usaban clientes de correo con cabeceras SMTP, direcciones IP rastreables ni trazabilidad de envío y recepción. Lo hacían por razones elementales de seguridad operativa: una guerrilla que lleva décadas evadiendo la inteligencia del Estado colombiano y de agencias internacionales no va a dejar rastros digitales en servidores de terceros. Almacenaban su correspondencia interna como documentos Word, los transferían en dispositivos físicos y los archivaban en sus equipos. Coronell lo sabe. Que haya elegido presentar ese rasgo de disciplina clandestina como una ausencia de evidencia no es un error de comprensión: es una decisión editorial que merece ser nombrada como lo que es. El formato del archivo no borra su contenido. Un documento Word que registra una comunicación entre miembros del Secretariado de las FARC no deja de ser una comunicación del Secretariado de las FARC porque no tenga cabecera de servidor.

El informe forense de Interpol, presentado en conferencia de prensa el 15 de mayo de 2008 por el Secretario General Ronald K. Noble, es categórico en lo que le corresponde certificar: la integridad del archivo desde el momento de su incautación. Su párrafo 99, en la versión oficial en español publicada por la propia organización, no admite lectura alternativa: «No se ha creado, modificado o suprimido ningún archivo de usuario en ninguna de las ocho pruebas instrumentales de carácter informático después de su decomiso a las FARC, practicado el 1 de marzo de 2008.» Los expertos forenses de Australia, Singapur y Corea del Sur —tres países sin ningún interés electoral en Colombia— confirmaron que los equipos pertenecían a Raúl Reyes y que su contenido estaba intacto. La Corte Suprema colombiana no declaró falsos esos archivos en 2011: los excluyó como prueba principal por fallas procesales en la custodia inicial, entre el 1 y el 3 de marzo, antes de ser entregados a Interpol. Esa es la diferencia entre rigor jurídico y descalificación política, y es una diferencia que Coronell conoce perfectamente.

Lo que Coronell tampoco menciona es que ese archivo no fue hallado por casualidad ni recuperado en condiciones ordinarias. Según una investigación del Washington Post basada en testimonios de más de treinta funcionarios estadounidenses y colombianos, fue la inteligencia de la CIA la que localizó a Reyes y guió la operación: una bomba inteligente estadounidense, con llaves de cifrado GPS controladas por la agencia, dirigida por un piloto colombiano, cayó sobre un campamento en Ecuador cuyas coordenadas exactas fueron confirmadas por un informante infiltrado en las cercanías del propio Reyes. La CIA calificó internamente el archivo recuperado como el hallazgo de inteligencia más valioso jamás obtenido sobre las FARC. Un archivo de esa magnitud, analizado por la comunidad de inteligencia más sofisticada del mundo, no genera silencio sobre ningún nombre por ignorancia. El silencio sobre ciertos nombres fue una decisión. Y los mismos archivos que Washington analizó en 2008 son hoy prueba admitida ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York en el proceso por narcoterrorismo contra Nicolás Maduro, junto a los propios líderes de las FARC como coacusados. La nulidad colombiana de 2011 tiene validez dentro de las fronteras jurisdiccionales de Colombia. Los hechos que los documentos registran no tienen fronteras.

En uno de esos documentos, fechado el 18 de febrero de 2008, alias «Olga» —identificada por inteligencia como Inés Graciela Dorado, integrante del Comité Internacional de las FARC— escribe con precisión operativa: «Por pedido del compañero Iván Cepeda estoy coordinando la unidad de las marchas que se harán en todos los países el próximo 6 de marzo.» La mención fue discutida en otros documentos del Secretariado. Como pudo establecerse luego de un análisis riguroso del informe Interpol y del dossier del International Institute for Strategic Studies —organismo que realizó un análisis independiente del archivo a solicitud del Ministerio de Defensa colombiano y que publicó sus hallazgos acompañados de la totalidad de los documentos relevantes en formato cronológico y con función de búsqueda— el ensayo «Sombras en la selva», publicado semanas atrás en este mismo espacio, desarrolló ese y otros elementos con mayor detalle. El IISS no tiene ningún interés electoral en Colombia. Tampoco La Silla Vacía ni ColombiaCheck, medios que concluyeron independientemente que la mención de Cepeda en los archivos no fue un montaje. Coronell debió haber llegado a esas fuentes antes de publicar. El propio Interpol, en un comunicado oficial del 13 de junio de 2008, lo anticipó con una claridad que hoy resulta profética: «INTERPOL espera que, en el futuro, los países o las personas que tengan la intención de hacer una declaración sobre el informe forense estudien el contenido real del mismo antes de efectuar comentarios erróneos o engañosos sobre la información que supuestamente contiene.»

Interpol escribió esa advertencia diecisiete años antes del trino. Lo escribió porque ya en 2008 había quienes intentaban hacer exactamente lo que Coronell hizo el 15 de junio de 2026: tomar una verdad técnica parcial, descontextualizarla, y presentarla como si invalidara el fondo del archivo. El organismo identificó entonces tres motivaciones posibles para esa operación: desviar la atención del público, atacar a una persona o a un país, o un malentendido genuino. El ensayo no necesita decir cuál de las tres aplica. El lector, a estas alturas, ya sabe.

La pregunta que queda en pie no es técnica. No se trata de si los archivos eran documentos Word o correos con cabecera SMTP —las FARC resolvieron ese dilema hace décadas eligiendo la clandestinidad sobre la comodidad. No se trata de si la mención de Cepeda fue un montaje —las fuentes independientes ya respondieron eso. La pregunta es qué dice de un periodista el hecho de haber elegido, a seis días de una segunda vuelta, actuar como si nada de esto existiera: ni el párrafo 99 de Interpol, ni el dossier del IISS, ni el indictment federal en Nueva York, ni la advertencia profética que el propio organismo internacional dejó consignada en 2008. Esa pregunta, a diferencia de los archivos, no tiene cadena de custodia que la invalide.

Coronell eligió deliberadamente ayudar a enterrarlo. Pero la verdad es como la luz: siempre busca una salida.” (Junio 16)

Referencias

¹ Interpol. (13 de junio de 2008). Respondiendo a los intentos de tergiversar sus resultados, INTERPOL reafirma las conclusiones fundamentales de su examen de los ordenadores decomisados a las FARC. https://www.interpol.int/es/Noticias-y-acontecimientos/Noticias/2008/Respondiendo-a-los-intentos-de-tergiversar-sus-resultados-INTERPOL-reafirma-las-conclusiones-fundamentales-de-su-examen-de-los-ordenadores-decomis

² International Institute for Strategic Studies. (2011). The FARC files: Venezuela, Ecuador and the secret archive of ‘Raúl Reyes’. https://www.iiss.org

³ Priest, D. (21 de diciembre de 2013). Covert action in Colombia. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/sf/investigative/2013/12/21/covert-action-in-colombia/

⁴ U.S. Department of Justice / Southern District of New York. (26 de marzo de 2020). Manhattan U.S. Attorney announces narco-terrorism charges against Nicolás Maduro. https://www.justice.gov/usao-sdny/pr/manhattan-us-attorney-announces-narco-terrorism-charges-against-nicolas-maduro-current

⁵ Arrieta Castañeda, R. (2025). Sombras en la selva. https://x.com/riarcas/status/1995158952468783238

⁶ Coronell, D. [@DCoronell]. (15 de junio de 2026). «Lo digo nuevamente: no había correos electrónicos en el computador de Raúl Reyes. Así lo declaró el capitán Ronald Ayden Coy Ortiz, autor del informe pericial sobre ese computador, quien aceptó bajo juramento que el equipo de Reyes no contenía correos sino documentos de word.» [Publicación en X]. https://x.com/DCoronell

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*Publicados en su cuenta de X (@riarcas). https://x.com/riarcas/status/2067375531994059219

Ricardo Arrieta C.

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