Por Alfonso Monsalve Solórzano
Este domingo nos jugamos el destino del país. No se trata de una elección más. Como ya han dicho muchos, elegimos entre la dictadura y la libertad. Veamos.
Si gana Cepeda, el caos petrista buscará consolidar la dictadura, basada en el modelo soviético, pero acomodado a las necesidades del narcoterrorismo, que carece de ideología; con el cual buscará tejer el nuevo aparato estatal, resultado de un cambio a su medida, en torno archipiélago de “repúblicas independientes” en cabeza de los capos del narcoterrorismo, que inició Petro con su Paz Total.
Sera el reino del control total de la población mediante la implantación de una constitución que establezca la existencia de un partido único conformado por las facciones armadas que controlan los territorios, más los grupos partidarios de extrema izquierda legal, y que estará encargado de dirigir el país. Habrá un poder ejecutivo con superpoderes, cuyo presidente pertenece al partido único y será elegido mediante votaciones controladas en las que habrá un solo candidato, que recibirá votaciones “masivas”. Habrá un congreso y una fiscalía manejados por el presidente. Claro está, cada grupo narcoterrorista conservará y ampliará su estructura armada sobre sus territorios y estarán complementadas por las guardias campesinas, indígenas, primeras líneas, comités de barrio, juntas comunales y todo otro tipo de fuerzas paramilitares que ejercerán un control inmediato sobre cada uno de los ciudadanos-como ya sucede en algunos territorios- y habrá unas Fuerzas Armadas que serán manejadas por el partido único y miembros de sus estructuras ingresarán a ellas en posiciones de mando.
Será la dictadura total, el fin de las libertades individuales y de la propiedad privada; el golpe final del sistema de salud, la perdida del valor de los ahorros y del patrimonio de millones de colombianos, y el consiguiente igualamiento en la miseria, lo que llevará a muchos millones ciudadanos a la emigración mendicante, como ocurrió en Venezuela.
Si gana Abelardo, este garantiza la continuidad y defensa de nuestra constitución liberal, es decir, plena de libertades fundamentales individuales; y democrática, pluralista, pluripartidista, con voto democrático en el que cada ciudadano es un voto, con división de poderes. Con Abelardo habrá elecciones libres en cuatro años.
Yo puedo discrepar en puntos concretos de su programa, pero voto por él confiado en que preservará los valores fundamentales de la democracia y que mis hijos y nietos, que tienen toda la vida por delante, distinto a mí, que ya voy de salida, no tendrán que irse de este país por la única razón de que se les cerraron todas las oportunidades.
Sé que una estrategia del petrocepedismo es infundir miedo para que no salgamos a votar o que votemos por el heredero, para evitar que el país se incendie. El punto es que el miedo enterrará nuestra democracia. Millones de votos contra el miedo nos salvarán. Puede que haya algunos desmanes, pero el petrocepedismo no pasará.
Nuestra decisión de salvar nuestra democracia, las declaraciones del comandante de las Fuerzas Armadas en el sentido de que harán respetar la constitución, los miles de ojos de las misiones de observación electoral nacionales e internacionales, el respaldo de la comunidad internacional, especialmente, de USA a la transparencia del proceso y las medidas que adoptaría su gobierno, si el petrocepedismo intenta robarse o desconocer los resultados o desestabilizarnos; todo eso, es la garantía de que no pasarán.
Ahora bien, de esos factores, la decisión de salvar nuestra democracia es el factor más importante. Si no votamos copiosamente y ganamos, no habrá apoyo que valga. No habrá mañana, ni las lágrimas por la derrota servirán de algo. En casi cuatro años hemos aprendido que el petrocepedismo es una máquina de amenazar, mentir, corromper; pero también le hemos perdido el miedo. Sus bravatas no nos asustan. Queremos dejar atrás, para siempre, esta pesadilla. Hay que derrotarlos y vamos a hacerlo.