Author: Carlos Salas Silva (Carlos Salas Silva)

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De regreso a casa
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De regreso a casa

Carlos Salas Silva                                                                       

Todo el fin de semana me costó recuperarme del agotamiento del viaje a Marruecos y lo hice acompañado del libro de André Aciman “Harvard Square” que mi hija me había prestado hace unos meses comenzándolo a leer sin pasar de las primeras páginas.

Alhamdoullillah
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Alhamdoullillah

Carlos Salas Silva                                                                      

Luego de ocho horas de viaje me encuentro muy cerca del Sahara en un Riad en medio del Valle de Dades que ofrece una vista de montañas de colores rojizos en un amanecer con una que otra nube de esas hasta ahora ausentes en toda mi estadía en Marruecos. Los cañones majestuosos me hicieron pensar en el del Chicamocha para luego notar sus particularidades, porque la geografía de acá no la hay en ninguna otra parte. En unos días tomaremos camino a Fez y de ahí de nuevo a Casablanca para darle fin a mi residencia de trabajo a la que fui invitado muy generosamente por Simo y Fihr, propietarios de La Galerie 38, para preparar una exposición por recomendación de Babacar M’Bow.

Podría haber sido peor
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Podría haber sido peor

Carlos Salas Silva                                                                 

Nos sirve de consuelo pensar que habría podido ser peor lo que ya de por sí consideramos poco favorable.

El mar se ha alejado
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El mar se ha alejado

Carlos Salas Silva                                                            

En la casa que habito desde hace doce días alcanzo a escuchar las oraciones que proceden de la cercana mezquita. Hoy lunes y mañana martes son días de fiesta religiosa. En Marruecos celebran el cumpleaños del profeta.

A veces la naturaleza se ríe de nosotros los artistas
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A veces la naturaleza se ríe de nosotros los artistas

Carlos Salas  Silva                                                                           

Estoy en Casablanca gracias a una invitación de la Gallery 38, que hace parte de Le Studio des Arts Vivants, a una residencia de trabajo con el fin de preparar una exposición para el año entrante. Ya llevo casi una semana de intenso trabajo luego de una preparación mental y física que me tomó un buen tiempo en La Calera.

El retorno del pasado
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El retorno del pasado

Carlos Salas Silva                                                                 

Hace unos años leí por primera vez “Austerlitz” de W. G. Sebald y dejé subrayado un párrafo que, como vine a comprobar en la relectura que he emprendido recientemente de este conmovedor libro, me dejó tan pensativo en el pasado como ahora. Dice lo siguiente:

Se le acabó la gasolina
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Se le acabó la gasolina

Carlos Salas                                                                             

A mi tío Pepe le gustaba contar sus historias con aires de seriedad lo que hacía que todo lo que se le ocurriese sonara como verdadero. Siendo yo un adolescente me contó que, en nuestro pueblo en donde se acostumbraba a tomar directamente de la botella un buen trago de Doble anís, un tipo se zampó uno muy generoso, pero cometiendo la torpeza de coger una botella que no contenía licor sino gasolina. En su desespero, el señor aquel comenzó a convulsionar y arrancó a correr dándole varias vueltas al parque principal y de repente cayó al piso. 

Perdón si insisto
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Perdón si insisto

Carlos Salas Silva                                                            

Pocas bolas le han parado a mi propuesta de estudiar el caso de Venezuela para aplicarlo con urgencia en Colombia, por lo que me permito insistir en el tema.

Así sea a costa de nuestra salud mental debemos mantener la atención en Venezuela
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Así sea a costa de nuestra salud mental debemos mantener la atención en Venezuela

Carlos Salas Silva                                         

Que estamos en un mundo de locos, no tengo ninguna duda; que Colombia sobresale en locura, desde luego. Y qué decir de Venezuela... ¿Quiénes son los locos los que gobiernan o los gobernados? Luego de años en los que nos tienen acostumbrados a las más aberrantes chifladuras, se llega a un estado en donde no se puede distinguir entre cuerdos y alienados. Confieso que me estoy chiflando cada día más y veo con preocupación que si no le pongo estate quieto la cosa puede pasar a mayores. Algunos dirán que son los años, esos que nos hacen temer que nuestros cerebros dejen de estar en óptimas condiciones y quedemos expuestos a una u otra de esas enfermedades que tanto aterran a quien las llegue a padecer como a sus familiares.