
Carlos Salas
James Carville, queriendo animar la campaña de Bill Clinton de 1992, convirtió en eslogan tres palabras y una coma con las que se hizo famoso. Ese slogan ayudó a que el joven e inexperto candidato venciera a Bush, muy popular en las encuestas y con una aprobación de su gobierno de un 90%. A pesar de los buenos resultados en política exterior el presidente que buscaba la reelección, no podía mostrar buenas cifras en el campo económico, lo que era su talón de Aquiles. Por ahí atacó el estratega de la campaña con su slogan “The economy, stupid”.