Magnicidios

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Luis Guillermo Vélez Álvarez noviembre 8, 2026

Por Luis Guillermo Vélez Álvarez

La historia, como la piensa José Obdulio, se parece más a una trama en la que se alternan, como plantea Jaques Monod, senderos de necesidad con encrucijadas de azar.

José Obdulio Gaviria Vélez ha escrito un libro que es, a la vez, original y triste, por la misma razón. Original, porque es un intento inédito de repasar nuestra historia republicana teniendo como hilo conductor el asesinato político; triste, porque lo logra.

¡Desde el Mariscal de Ayacucho hasta Miguel Uribe, cuántas vidas nobles y promisorias segadas, cuántas oportunidades perdidas para la Patria!

Al principio del capítulo 7, el autor se refiere a la especulación sobre los cursos alternativos del devenir que podrían haberse configurado de no haber ocurrido un hecho clave, como el asesinato de un gran personaje o el resultado de una batalla. Esa es la historia contrafactual o la ucronía literaria. Para ilustrar el punto, José Obdulio especula brevemente sobre lo que habría sido nuestra historia si Jorge Eliecer Gaitán Ayala hubiese llegado a la presidencia en 1950 en lugar de Laureano Gómez Castro, como efectivamente ocurrió.

El libro todo en todos sus capítulos y subdivisiones es una constante y reiterativa invitación al “IF” – ese “SI” condicional del que carecemos en español- a imaginar lo que habría ocurrido si Caldas, Sucre, Córdova, Uribe Uribe, Gaitán, Galán o Uribe Turbay hubiesen sobrevivido a las balas asesinas que acabaron con sus vidas.

Pero bien miradas las cosas, esa es tal vez la única forma de pensar la historia – insisto en el término, pensar la historia – cuando se quiere escapar del determinismo histórico propio del materialismo de Marx y de su hija dilecta, la Escuela de Anales, desarrollada en Colombia por Jaime Jaramillo Uribe y sus discípulos de la ya vieja “Nueva Historia”.

No me refiero a la especulación sobre los futuros posibles – los futuribles de la prospectiva – que pueden desprenderse de un acontecimiento puntual y preciso sino a la significación histórica de los acontecimientos puntuales y precisos – un asesinato político, pero también el resultado de una batalla o de una elección presidendencial- y al de los individuos carne y hueso que los vivieron.

El materialismo histórico, y en buena medida la Nueva Historia de Colombia, imagina que la historia es el resultado de grandes fuerzas impulsoras – por ejemplo, la lucha de clases y el avance de las fuerzas productivas – que operan por encima de las acciones de los individuos quienes, a lo sumo, son pequeños accidentes en el gran tinglado de dichas fuerzas. Ese es el historicismo, ya exquisitamente refutado por Karl Popper.

La historia, como la piensa José Obdulio, se parece más a una trama en la que se alternan, como plantea Jaques Monod, senderos de necesidad con encrucijadas de azar. Y es ahí, en esas encrucijadas, donde aparece la acción humana, donde interviene el individuo de carne y hueso, con su Virtud, que depende de él, y su Fortuna, la que quieran los Dioses. La Virtud y la Fortuna de Maquiavelo: las fuerza impulsora, la primera, y condicionante, la segunda, de la acción humana libre que es la que construye la realidad actual y la realidad histórica. Esa es la forma liberal de pensar la historia.

https://www.elcolombiano.com/, 2 de noviembre de 2026.