Por Carlos Salas Silva
Pareciera que la confianza en los expertos podría llevar a descuidar aspectos simbólicos que pueden convertirse en el detonante de un estallido social que, como bien lo sabemos, pero tendemos a olvidarlo, solo necesita de una chispa. Lo vimos en Chile con el alza del tiquete del metro y en Colombia con la reforma de Carrasquilla. Olvidaron que una medida puntual puede despertar una inconformidad profunda.
¿Es la soberbia la causante de una ceguera que les impide ver que un impuesto fiscalmente marginal puede ser políticamente desproporcionado? Es de alto riesgo la desconexión entre el cálculo tecnocrático y la sensibilidad social. Los expertos suelen calcular los impuestos en puntos del PIB, pero los ciudadanos los interpretan de otra manera. Lo que para un experto puede ser una cifra marginal, para un ciudadano puede representar la señal de que el Estado ha perdido la noción de sus prioridades.
¿Qué necesidad hay de gravar la sal? El recaudo sería ínfimo, pero el significado es de la mayor trascendencia. Me pregunto: si el recaudo esperado es pequeño, ¿vale la pena asumir el costo político y social que conlleva?
«Gabelle» era como se denominaba en Francia al impuesto sobre la sal, considerado uno de los tributos más injustos y odiados del Antiguo Régimen. ¿Cómo no? La sal era y sigue siendo indispensable para conservar los alimentos y alimentar al ganado. La nobleza y el clero estaban exentos de pagarlo. Y ¡claro! fue uno de los detonantes de la Revolución francesa.
De «gabelle» viene la tan conocida expresión nuestra «dar gabela» —dar ventaja o facilidades al adversario—, y es justamente lo que están haciendo los expertos del Gobierno del Tigre, como en el pasado lo hizo Carrasquilla. ¿Será que es una forma deliberada de provocación o es que, por torpeza, están dando gabela?
Por supuesto, haciendo cuentas en casa, cualquiera podría decir que el impuesto afecta muy poco el costo de la canasta familiar. Un kilo de sal puede durar semanas y hasta meses en un hogar. Pero el asunto va más allá: puede afectar los costos de producción de alimentos indispensables, comenzando por el pan. Tampoco se descuiden, señores expertos, con eso. Recuerden a María Antonieta, todavía con su cabeza atornillada al cuello, diciendo que, a falta de pan, buenas son tortas.
¿A qué le teme más el Gobierno: a un posible default o a un estallido social? Tal vez ni a lo uno ni a lo otro mientras está en su luna de miel con el pueblo, pero eso no dura todo el mandato. Miren no más las consecuencias para el partido de Trump, quien descuidó la economía de los estadounidenses mientras se ocupaba de salvar al mundo. Le ha costado muy caro.
No perdamos esta grandiosa oportunidad que se nos ha otorgado de llevar al país por la senda del progreso. Por favor, señores ministros, señor vicepresidente y el mismo Tigre: no den gabela.
KienyKe