
Alfonso Monsalve Solórzano
En la semana que terminó fuimos testigos de un acto de desnudamiento: el emperador, disfrazado de feroz leopardo, perdió su vestimenta y el país supo que debajo de ese traje sólo había un gatito ‘mansurrón’ (según el adjetivo usado por Álvaro Uribe) dispuesto a satisfacer las exigencias del rey de los guapos con tal de no sufrir la suerte de la hiena alfa vecina, que fue extraída, mediante sofisticada operación militar, de su -así lo pensaba él- “fortaleza”, que resultó de papel, y puesto en prisión en el país del odiado rey, quien, además, doblegó a toda la jauría venezolana y la puso a trabajar bajos su condiciones, temerosa de sufrir la suerte del líder de la manada.