José Alvear Sanín
Ante la terrible elocuencia de los resultados de la primera vuelta, no es m momento para recriminaciones (por justas que sean), ni para considerar los futuribles (lo que hubiera pasado si no hubiera habido división de fuerzas…)
Cada cual puede sacar las propias y obvias conclusiones sobre la jornada, seguro de acertar, porque millones de colombianos habrán llegado a las mismas, frustrados y con agudo dolor de patria.
Hay dos hechos que no pueden escapar a una cuidadosa reflexión:
1. La consolidación de un líder excepcional, que en pocos meses devolvió la esperanza al país.
2. Que no es de menor importancia el triunfo de un candidato que en unos pocos meses, con una campaña ejemplar, alegre y veraz, supera por cerca de 700.000 votos al candidato de narcoguerrillas y mingas; de 30 billones de contratación abusiva, ilegal e inmoral; a la creación de más de medio millón de “corbatas”; al diluvio de subsidios injustificados; al alza demagógica del salario mínimo, al ejercicio torticero de la maquinaria toda del gobierno, y a la asombrosa irrigación de mermelada en los medios de comunicación masiva.
Estos inmundos y colosales atropellos impunes, antes inconcebibles en el país, explican la inmensa votación por un candidato execrable y el increíble crecimiento electoral logrado por el comunismo, que avanzó de 4´413.030 votos en marzo, a 9´649.081 ayer, como si en vez de haber ejercido un gobierno abyecto, corrupto y vulgar, que ha destruido el sistema económico y preparado el camino de la miseria colectiva, hubiera mejorado la vida y preparado un futuro de bienestar,
Nos esperan las tres semanas más largas y angustiosas de la historia patria. Por tanto, unión y grandeza, una y mil veces, para salvar a Colombia del narco-régimen al que nos quieren condenar.
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¿Neutrales contra quién?
José Alvear Sanín
El comportamiento de los medios colombianos me hace recordar la pregunta de Winston Churchill sobre Irlanda, durante la guerra: ¿Neutral contra quién?
Una cosa es que los medios deban ser veraces y objetivos, y otra bien diferente la simulación, tanto de lo uno como de lo otro. Siguiendo la falacia de que todas las opiniones son respetables, han elaborado una cierta “neutralidad” acomodaticia y clandestina, que llega incluso a una productiva complicidad, especialmente en sus relaciones con los poderes públicos.
Desde luego, entre dos posiciones respetables, los medios deben informar con verdad e imparcialidad a sus lectores, suscriptores y oyentes, lo que es bien diferente de la neutralidad entre posiciones que moralmente exigen tomar partido.
No estoy reflejando una actitud de tipo moral o religioso, obligatoria para los creyentes, porque quiero referirme apenas al ámbito de la política donde —como lo explicó didácticamente De la Espriella a una periodista sesgada— no siempre lo legal coincide con lo moral y ético.
Cuando se trata, por ejemplo, de la defensa del orden constitucional, los medios no pueden ser neutrales entre quienes defienden la concepción del Estado de Derecho y aquellos que se comprometen con la abolición violenta del orden legítimo, para imponer la revolución comunista.
En Colombia, temas fundamentales como la inviolabilidad de la vida, el cumplimiento de la Constitución, la defensa de la propiedad privada, el imperio de la seguridad ciudadana, el monopolio estatal de la fuerza, la preservación de un modelo económico racional, etc., no se discuten entre opiniones sólidas y respetables. Por el contrario, la controversia se motiva desde puntos de vista políticos o de conveniencia económica. Las conductas más reprobables escapan a la censura de los opinadores profesionales, y las iniciativas más perjudiciales se tratan como meros asuntos de trámite rutinario. Por ejemplo, los partidos de extrema izquierda revolucionaria son contemplados como opciones válidas dentro de una óptica dizque “pluralista”, omitiendo su carácter nefasto y destructor de todo lo perfeccionable que el país ha construido en siglos.
Los gringos hablan de hawks and doves para referirse al contraste entre quienes participan en debates. Así opera la “neutralidad” de nuestros medios, donde para la promoción de las iniciativas más dañinas, escogen buitres, gallinazos y gavilanes de extrema izquierda, con el fin de enfrentar débiles golondrinas… para, de esa manera, desorientar, en especial esas teleaudiencias que no tienen conocimiento profundo de ningún asunto y todo lo oyen en el sopor de quien oye llover después de cenar.
Ahora bien, un electorado al que hacen creer que el ideólogo de la subversión y candidato de las guerrillas es un caviloso filósofo y defensor de los derechos humanos, acaba aceptando un monstruo de odio, resentimiento y fanatismo como candidato normal y posible presidente.
No es el momento de citar los centenares de casos en los que la neutralidad de los medios equivale a prender una vela a Dios y otra al diablo, conduciendo a la desinformación generalizada, a la indiferencia mental y al conformismo que ha hecho posible que todo un país tolere cuatro años de corrupción e infamia.
En ese clima deletéreo van a transcurrir los próximos y definitivos veinte días, bajo un gobierno criminal, dispuesto a desconocer los resultados electorales. Y si Petro, finalmente da su ansiado autogolpe, no faltarán aves carroñeras, capaces de defender el aplazamiento de los comicios y la constituyente que vendrá “para que sean posibles unas elecciones libres”.
¡Con tales medios masivos, antes no nos ha ido peor!!!