Lorena Lázaro Ocampo*
La hora de los Patriotas.
¡A votar sin derecho a la pereza!
Qué cómicos se ven el presidente Petro y su alumno estrella, Iván Cepeda, cuando las matemáticas no les dan. Acostumbrados a imponer su voluntad a punta de discursos eternos y promesas de cartón, el pasado domingo chocaron de frente contra la realidad: Colombia les dijo «no más». Ayer, ante la inminente derrota, activaron el libreto predecible de la izquierda: salir a llorar fraude antes de tiempo.
Pero el desespero les duró poco y la mentira se les cayó sola; su propia comisión tuvo que salir a reconocer, con la cabeza baja, que no existen indicios reales de irregularidades. Ese nivel de ridículo e incoherencia ya no da miedo; da risa.
El próximo 21 de junio la elección no es entre dos políticos; es entre la supervivencia del país o la entrega definitiva de las llaves del Estado al sindicato del fracaso. Por un lado tenemos a Cepeda, el eterno defensor de oficio de cuanto grupo armado ilegal se cruce por el camino; el mismo que pretende vendernos el segundo tomo de un gobierno neocomunista que ha convertido la economía en un mal chiste y la seguridad en un recuerdo. Nos quieren meter una Constituyente por la cocina para asegurarse de que no volvamos a pisar una urna en libertad. Frente a ese panorama de destrucción, cualquier purismo estético es, sencillamente, una estupidez.
Al otro lado está Abelardo de la Espriella. Sí, sabemos que su personalidad estridente y su estilo no son para cardíacos, y que a más de un centrista le da migraña su carácter. Pero en momentos de metástasis institucional, uno no busca un médico con buenos modales; busca al cirujano más agresivo. Abelardo es el único dique de contención real. Su modelo defiende lo básico, lo que de verdad importa: la propiedad privada, la libertad de mercados, el orden y el respaldo absoluto a nuestras instituciones.
Por eso, este llamado es un sacudón directo al pragmatismo y al orgullo patriota. Es insólito que los más de 1.1 millones de votantes de la base de Paloma Valencia estén pensando en quedarse en pijama el domingo por «diferencias de estilo». ¿En serio van a dejar que Cepeda gobierne solo porque el candidato actual les parece muy peinado? De igual forma, a los amigos fajardistas y de centro: la tibieza hoy no es neutralidad, es complicidad. Votar en blanco o abstenerse es pavimentarle el camino al heredero del radicalismo de las Farc y el Eln.
No nos sirve ganar raspando para que inventen nuevas pataletas de mal perdedor. La meta es clara: necesitamos un 8% adicional para superar con creces la barrera de los 12 millones de votos y aplastarlos con más del 50% en las urnas. Una victoria contundente e inapelable que los deje callados y sin excusas. Colombianos de bien, saquen la cédula, dejen la pereza en la casa y salgamos a votar masivamente por Abelardo.
Demostrémosles que la democracia no se rinde ante la dictadura.
-Compartan, comenten y difundan, que llegue a toda la masa electoral del País, perezosos o indecisos, aquellos que dicen un voto menos no hace diferencia.
* Publicado por la abogada Lorena Lázaro O. en su cuenta de X (@AbgLoreLazaro).