Cepeda y el autoatentado.

Santiago Velez junio 9, 2026

Santiago Vélez*

“Iván Cepeda dijo ayer que recibió información “por distintas vías” según la cual la campaña de Abelardo de la Espriella estaría fraguando un autoatentado controlado contra su propio candidato, con el propósito de incidir en los resultados electorales del 21 de junio. Cepeda anunció que pondría esa información en conocimiento de la Fiscalía y de la Unidad Nacional de Protección.

La acusación es de una gravedad enorme. No estamos ante una pulla de campaña, una ironía de redes o una denuncia genérica sobre riesgos de seguridad. Cepeda está diciendo que la campaña de Abelardo estaría preparando un montaje criminal para alterar una elección presidencial. Y lo dice en Colombia, un país donde hace apenas un año asesinaron a Miguel Uribe y donde los atentados contra candidatos no pertenecen al terreno de la ficción.

Por eso, el problema no es solo el contenido del comunicado. Es también la forma, el momento y la vaguedad. Si Cepeda tenía información seria, el camino correcto era la Fiscalía, la Policía, y la UNP. Primero se protege la vida, se verifica la información y se activa el aparato institucional. Después, si es necesario, se comunica con extrema prudencia. Al hacerlo al revés, publicándolo en X antes de que exista verificación pública, convirtió un asunto de seguridad en un arma electoral.

La pregunta central es inevitable: ¿cómo sabe? Si Cepeda tiene una fuente interna en la campaña de Abelardo, debe entregarla de inmediato a la Fiscalía. Si recibió información de inteligencia del Estado, el asunto es gravísimo. ¿Quién se la entregó? ¿Bajo qué competencia? ¿Desde cuándo las autoridades de inteligencia le rinden cuentas a un candidato presidencial? Si la información proviene de interceptaciones, seguimientos o infiltraciones, el problema sería todavía mayor. Y si no tiene nada sólido, sino rumores, entonces acaba de lanzar una acusación peligrosísima sin sustento verificable.

La fórmula “por distintas vías se me ha hecho saber” no aclara nada. Al contrario, oscurece todo. Es lo bastante vaga para no probar nada, pero lo bastante grave para incendiar la campaña. Permite insinuar sin demostrar, acusar sin asumir del todo la carga de la prueba y dejar flotando una sospecha que contamina cualquier escenario.

Porque ese es el efecto más perverso del comunicado. Si mañana ocurre algo contra Abelardo, una parte del país dirá que fue montaje. Si no ocurre nada, otra parte dirá que Cepeda lo evitó. En ambos casos, la seguridad del rival queda atrapada en una narrativa de sospecha. Incluso puede leerse como una advertencia inquietante: sabemos lo que supuestamente están planeando.

Eso deshumaniza el riesgo de seguridad de un adversario. En lugar de tratar una amenaza contra un candidato como un asunto institucional y urgente, la convierte en material de campaña. En una segunda vuelta ya suficientemente encendida, ese tipo de insinuaciones empuja al país hacia un terreno muy peligroso.

Cepeda necesitaba recuperar iniciativa política y terminó metiéndose en un pantano. Si tiene pruebas, que las entregue de inmediato y que hablen las autoridades. Si no las tiene, cruzó una línea que ningún candidato responsable debería cruzar.” (Junio 9)

* Publicado en su cuenta de X (@santiagovelez82).