
Alexander Cambero
La mirada Lánguida de Miranda Muñoz viajaba en otro lejano ecosistema. Su belleza irradiaba los deseos recónditos de todo el pueblo. Cuando atravesaba la vereda, las miradas acariciaban sus senos en flor. Su cintura era tocada imaginariamente por todos los hombres. Más de uno la había poseído en sus sueños de los cuales ninguno quería despertar.

