
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Lo que debió haber sido, la celebración cívica del Día Internacional del Trabajo, terminó siendo una concentración política pagada y mayoritariamente fletada, y una protesta tácita de miles de trabajadores contra Petro y su nefasto remedo de gobierno, el que no ha hecho nada distinto que arruinar la economía, destruir empresas y aniquilar empleos.