
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Pareciera que la atronadora y ensordecedora rechifla a Gustavo Petro en el estadio Metropolitano de Barranquilla, sirvió de presagio de la primera de las cuatro declaratorias de inconstitucionalidad que he esperado y reiteradamente advertido en mis columnas, sobre varios artículos de la espuria Reforma Tributaria promovida por el remedo de gobierno que padecemos con la anuencia de un Congreso, en su mayoría, dócil y obsecuente.