
Rafael Rodríguez-Jaraba*
Si bien, y por lo general, la Política fastidia, repugna y hastía, no podemos desconocer su decisiva incidencia en la Economía, al punto que, difícilmente se puede pensar en progreso, bienestar y desarrollo, sin contar con políticas económicas racionales y sostenibles, y sin normas apropiadas que las regulen.