Alfonso Monsalve Solórzano
Faltan 14 días para la decisión definitiva. Tan cerca y tan lejos. Petro y sus hordas llevan 46 meses intentando destruir nuestro estado de derecho y la mayoría de los colombianos resistiendo esa avalancha, y a la fecha, tiene altas probabilidades de detenerla. Y no precisamente por el acierto de sus dirigentes, que tuvieron la opción de triunfar en primera vuelta, de manera concluyente y definitiva, pero antepusieron sus intereses personales, creando divisiones cuando lo que exigía el momento era unidad; sino porque los ciudadanos han entendido que el petrocepedismo viene por el estado de derecho democrático, y han reaccionado en su contra, mayoritariamente, gracias a la experiencia acumulada durante estos casi cuatro años de ataques a las instituciones liberales y a los derechos de la gente (como la salud y la educación) y a la torpeza, la estupidez y la arrogancia de Petro y la insignificancia intelectual de Cepeda.
La intuición y percepción de los ciudadanos colombianos es profundamente acertada. La práctica del petrismo en el poder corresponde a la concepción teórica que el marxismo leninismo; pero, también del ideólogo de la derecha, Carl Schmitt y fuente de la teoría del estado nazi. Para este, la política se basa en la dicotomía amigo–enemigo, y en el marxismo leninismo es igual: la confrontación se da entre el pueblo y la burguesía y la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Petro no ve la sociedad colombiana como un conjunto de grupos con intereses diversos pero capaces de tener un propósito común, sino como un enfrentamiento entre ricos y pobres. Schmit criticó el sistema parlamentario, pues el debate y los acuerdos que propicia un sistema democrático liberal diluyen la voluntad política real. La verdadera democracia se basa en la identidad y homogeneidad del pueblo, no en la pluralidad de partidos (ver resumen creado por IA de Google).
En síntesis, el petrocepedismo ha planteado la campaña como una confrontación amigo – enemigo, usando las concepciones de nazifascismo leninismo y no como una entre oponentes que compiten respetando y acatando las reglas de juego de la Constitución y las leyes. En consecuencia, si triunfa el petrocepedismo tendremos un gobierno de dictadura que desconocerá el parlamento y la división de poderes, y los controles que el legislativo y el judicial ejercen sobre el ejecutivo.
Afortunadamente, la resistencia del pueblo colombiano, como dije, fue superior a la estatura de sus dirigentes (parodiando a Gaitán) y la oposición, con Abelardo de la Espriella a la cabeza, obtuvo un triunfo amplio, por encima de seiscientos mil votos sobre Cepeda, contra el erróneo pronóstico que ese sector tenía de que ganaría en primera vuelta, o, al menos, quedaría de primero y con amplia ventaja sobre el segundo y listo para arrasar en la ronda definitiva. Esto constituyó un golpe durísimo a sus aspiraciones.
Que la historia dé una segunda oportunidad, es raro; por eso la victoria de Abelardo en primera vuelta y su paso a segunda en mejores condiciones que su oponente, es una ocasión que no se puede dilapidar. Petro y Cepeda harán todo para quedarse y, si pierden, para desconocer el resultado de las elecciones. De hecho, ya lo han intentado con los de primera vuelta. Además, ya las cuadrillas de bandidos que lo apoyan han intentado aterrorizar a la gente, reviviendo los desmanes de la llamada primera línea. Han calumniado y perseguido a de la Espriella y Restrepo, a Uribe y a cualquiera que les haga frente. Y han mentido descaradamente intentando ganar votos del centro, diciendo que suspenden la convocatoria de la asamblea nacional constituyente. Ese cuento, felizmente, no se lo cree nadie porque en la campaña del 2022, para ganarse el apoyo del Partido Verde, firmo en “mármol”, que no lo haría. Están desesperados.
Pero la campaña de la oposición sigue ganado espacio y votos. De la Espriella y Restrepo tienen claro desde el principio de que se trata de una campaña en el marco de la lógica amigo – enemigo y en ese sentido han sido claros en denunciar al petrocepedismo, sus aliados de los GAOs, sus fuerzas parapresidenciales de la primera fila, su apelación al terror: sus maniobras para comprar votos.
Ahora bien, Hay un factor externo, que favorece la campaña de la oposición: el narcisismo de Petro, su ego inflado hace que interfiera la campaña de Cepeda y la estorbe y dificulte. Cree que, sin su intervención, el candidato no es nada. Es patético. Como en las películas de la franquicia de Austin Powers, Petro es el doctor Malito y el candidato, su Mini–yo. Y eso es un bálsamo para la campaña de la Espriella–Restrepo. Sólo que nuestro doctor Malito es capaz de incendiar el país. Claro que ya tiene a la comunidad internacional encima, especialmente a las autoridades de USA y él sabe que si no tiene buena letra le corregirán la plana.