Tomás Castrillón Oberndorfer
Luego de haberse efectuado la primera vuelta electoral del proceso para elegir al nuevo mandatario nacional, es preciso hacer unas reflexiones que deben considerarse antes de la segunda ronda.
Lo primero a considerar, es que se tuvo una gran intervención ilícita del gobierno nacional, encabezada por las continuas mensajerías y peroratas del mandatario, quien olvida el respeto que le debe a su investidura y, ante el resultado electoral que no favoreció a su candidato, continuó denunciando fraudes inexistentes.
También, es imposible cuantificar la cantidad de recursos financieros del erario público, que han sido desviados por medio de las triquiñuelas típicas como las propagandas y los favorecimientos de toda clase destinados a incrementar los votos favorables al candidato del continuismo.
Como era de esperarse, inmediatamente después de conocerse los resultados de la primera vuelta, adversos al afán y deseo del gobierno, se incrementaron las intervenciones descaradas desde dicho estamento para favorecer a su candidato, al tiempo que descalifica a la oposición.
Y surgen “casualidades”, de las cuales queda la percepción de que son “fríamente calculadas”, como el anuncio de la condena en segunda instancia del hermano del expresidente Uribe. Este hecho aprovechado politiqueramente por el comunismo electorero, trae a la memoria el caso del exministro Andrés Felipe Arias, quien también “casualmente” fue eliminado en la carrera presidencial de la época.
Tampoco fue “casual”, el asesinato hace un año del candidato más importante de la oposición, ante lo cual se repite la pregunta: ¿Quién se benefició con tal crimen?
Al final de estos procesos relacionados con las actuaciones de la CSJ, queda también una percepción de que muchos de sus miembros han actuado ocasionalmente, bajo influencias tendenciosas favoreciendo a ciertos grupos. Basta recordar hechos como el de haber ignorado pruebas fehacientes en ciertos casos, para favorecer a ciertos grupos como ocurrió con los datos contenidos en los computadores de Reyes, y el de los testimonios de mentirosos contumaces condenados que valen o no, según las afectaciones que impliquen. Tan tristes recuerdos y muchos otros, han sido la causa de que hayan aparecido los denominados “Carteles de la toga”. ¡Y punto aparte!
Es preciso mencionar algunos otros hechos que han llamado la atención.
El primero es la aparición de las denominadas “mesas homogéneas”, en las cuales el ciento por ciento de los votos escrutados favorecieron al candidato del gobierno. Dichas mesas estaban ubicadas en las denominadas “zonas rojas”, en donde los grupos armados subversivos terroristas amedrentan a la población. Esto origina la percepción creciente de que, ciertamente, ha existido una especie de contubernio del gobierno con estos grupos. En dichas zonas, la acción de las fuerzas armadas encargadas del orden público “brilla por su ausencia”, aunque el ministro de defensa, afirma que “no estamos quietos ni desmoralizados”. Al decir de Marañas, están en otra parte, acuartelados y jugando fútbol mientras el ministro ofrece recompensas. ¡Que belleza de hermosura!
Y no puede olvidarse, en esta materia de la seguridad y el orden público, que en el gobierno nacional comunista actual, se ha desarrollado una permanente purga de los altos mandos militares, que, guardando las proporciones, recuerda las permanentes purgas del padrecito Stalin. Se percibe, entonces, que por un lado se “colabora sin querer queriendo”, con las bandas sediciosas y por el otro pareciera que se elimina el peligro de un “golpe de estado”. Tema para reflexionar.
También, es preciso hacer mención de otros hechos como la reaparición de Roy Barreras, quien en medio de su desprestigio, trata de fortalecer al partido del gobierno y, de entrada, se autodefine como un luchador que ha sido siempre un progresista, lo que parece ser cierto porque la percepción que deja su trasegar político, es que siempre ha buscado su progreso personal. “El que entendió, entendió”.
También apareció el decálogo de los “tibios” encabezados por el candidato del “millón de votos”. Dicho decálogo constituye, ni más ni menos, un verdadero canto la bandera sobre lo único que queda expresar es la conocida frase que reza: ¡Quien ha dicho que no!
Como no recordar otro decálogo presentado en mármol por el presidente durante su campaña electoral.
Finalmente, debe considerarse la actuación de los ministros, como el de trabajo, quien en alguna manifestación, maliciosamente anuncia inconformidades sociales de protesta, los denominados “Estallidos Sociales”, en el caso de que el candidato del gobierno resulte derrotado.
En la vuelta electoral definitiva, no se tratará de expresar conformidad o no, ante situaciones como las descritas, sino de permitir o no, el manejo del estado por parte del comunismo.
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