La Pinturita de Petro

La Pinturita de Petro

Dario Acevedo C.

Petro se autoflagela para seguir vigente, a cualquier riesgo, nada importa la autoestima pues ya no la tiene. Lo que a él si le interesa en grado superlativo es dar que hablar, que lo lapiden, que hablen mal de él. Es la manera de clamar por solidaridad ante el aluvión de críticas que el hace ver como una vil persecución.

Él ya sabe que al flagelarse normalizando sus yerros, sus provocaciones y su recurrente tendencia a desconocer y violar la ley, tendrá las luces de las cámaras y micrófonos para afirmar que lo están persiguiendo, que no lo dejan gobernar, que tras ese saboteo están Uribe, el sistema, la oligarquía y 200 años de historia que se perdieron.

Él sabe que la ignorancia del pasado se llena con consignas, con frases impactantes.

El mejor o los casos que permiten ver la metodología de convertir lo ilícito en lícito borrando la i inicial, de dejar de llamar crimen al crimen para que este deje de existir, de incendiar su ropa para acusar a otros de sabotaje, de lanzar “ideas” alocadas y estúpidas en foros académicos, o posar de líder mundial, vale la pena.

Lo de él es ir contra la corriente, quién con dos dedos de convicciones morales no se indigna y no protesta con los nombramientos que hace, Benedetti, Sarabia, Roy, y ahora, pretendiendo nombrar como superintendente de Salud al cuestionado exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, el rey del cinismo y su par o alumno avanzado en técnicas similares.

Grave ofensa al pudor debido a la función pública. Una afrenta más al pueblo antioqueño y medellinense, un asalto a la justicia.