El Peso que No Debería Fortalecerse

El Peso que No Debería Fortalecerse

Andrés Felipe Arias*

Colombia coleccionó cinco desastres en una semana. La moneda, en cambio, se fortaleció. Hay cuatro hipótesis. Ninguna debería tranquilizar.

Anatomía de una semana tóxica

Hagamos el ejercicio de ponerlo en secuencia, porque así duele más.

Lunes 7 de abril: el presidente Petro emite una alocución nocturna en la que, además de fajarse con varios disparates microeconómicos (i.e. prohibir exportaciones de carne y fertilizantes), calificó de “aberrante” la decisión del Banco de la República de subir la tasa 100 puntos básicos — a 11,25% —. Ya había anunciado unos días antes que el gobierno se retiraría de la junta del emisor (como si de verdad pudiera hacerlo).

Miércoles 9: S&P le rebaja la calificación soberana a Colombia y, por arrastre, hunde a Ecopetrol a BB-. La petrolera se gastó $9 billones más de lo previsto y repartió $11,7 billones en dividendos al gobierno. Su flujo de caja libre está por debajo de cualquier proyección razonable.

Ese mismo miércoles: la Corte Constitucional tumba, por tercera vez, un decreto de emergencia económica de Petro. El Decreto 1390 pretendía recaudar $11 billones para tapar el hueco fiscal. Los magistrados dictaminaron que el Congreso negándole una reforma tributaria no constituye un hecho “sobreviniente ni extraordinario”. Petro reaccionó: “Nos quieren ahorcar.”

También el miércoles: el DANE confirma que la inflación de marzo se ubicó en 5,56% anual — casi el doble de la meta de largo plazo del Banco de la República (3%). Cuatro meses consecutivos de aceleración en servicios. La política monetaria perdiendo tracción mientras el gobierno la ataca públicamente.

Jueves 10: Ecuador sube los aranceles a productos colombianos al 100%, desde el 50% que ya venía aplicando. Colombia responde con aranceles recíprocos del 100%. Se retira la embajadora. Una guerra comercial con el vecino que compra $1.846 millones al año de productos colombianos.

Y a lo largo de toda la semana, la TRM cerró en $3.642,93 por dólar. El peso colombiano, que ya había liderado la revaluación de monedas latinoamericanas en marzo con un 2,31% de apreciación, siguió fortaleciéndose.

¿Cómo se explica eso?

La Fiebre que Nadie Mide

La primera hipótesis es la más incómoda, y por eso casi nadie la toca en público.

El Informe Mundial sobre Drogas 2025 de la UNODC confirmó que Colombia alcanzó 253.000 hectáreas de coca en 2023 — 70% de los cultivos globales — y produjo 2.664 toneladas de cocaína pura, un 53% más que en 2022. Esos son datos de 2023. Desde entonces, los grupos criminales han pasado a la ofensiva en control territorial. Con un crecimiento conservador del 10% anual — hipótesis mínima dada la tendencia real — la producción supera 3.200 toneladas en 2025. Descontando incautaciones (~30%), al menos 2.240 toneladas llegan a los mercados internacionales.

Ahora, la aritmética que el gobierno quiere evitar. El kilo de cocaína entregado a intermediarios en Centroamérica ronda los USD $8.000 (precio CIF; en Europa es tres o cuatro veces más, pero seamos conservadores). Resultado: 2.240 toneladas × $8.000/kg = USD $17.920 millones. Casi 20% más que todas las exportaciones de petróleo de Colombia. 4,5 veces lo que exporta en café. Al tipo de cambio promedio de 2025, eso equivale a unos COP $72 billones en exportaciones de un solo commodity ilegal.

A eso hay que sumar la minería ilegal de oro: un informe de inteligencia publicado en marzo estima ingresos por USD $8.414 millones anuales. El 82% del oro que Colombia exporta proviene de circuitos ilegales — se lava en Antioquia y Valle del Cauca y termina en once países.

Para dimensionar: el presupuesto de la Fuerza Pública en 2025 es de COP $60 billones. Solo el narcotráfico genera COP $72 billones. La relación es 1,2 a 1 en favor de los narcos. Así no hay guerra que se pueda ganar.

Esos dólares presionan el tipo de cambio con la misma fuerza que cualquier exportación legítima. Entran, se cambian, se gastan. Y el peso se aprecia. Es una variante perversa de Enfermedad Holandesa: los commodities que revalúan la moneda son cocaína y oro ilegal. La moneda se fortalece, la industria legal pierde competitividad, y el país se hunde en la dependencia de lo que no puede — o no quiere — controlar.

El Carry Más Jugoso del Hemisferio

La segunda hipótesis es más digerible, y tiene la virtud de que se puede calcular con una servilleta.

Un fondo en Nueva York pide prestado en dólares al 3,75% (la tasa de la Fed). Compra TES colombianos a 10 años que rinden 13,2%. Se embolsilla un spread de 890 puntos básicos — casi nueve puntos porcentuales de diferencial. Mientras el peso no se devalúe más de 9% en el año, la operación es rentable. Y como el peso viene apreciándose, el retorno total es aún más gordo.

En 2025, un inversionista que compró TES al inicio del año cosechó cerca de 28% en dólares: ~12% de cupón en pesos más ~15% de apreciación cambiaria (el dólar pasó de $4.409 a $3.757). Para dimensionar ese número: el estadounidense promedio paga 21% anual por el saldo de su tarjeta de crédito. El carry trade colombiano rindió más que lo que cuesta la deuda más cara del consumidor americano — pero en renta fija soberana.

¿Quién está haciendo esto? PIMCO lidera las compras de TES en pesos, posicionándose antes de las elecciones de 2026. La lógica es triple: capturar el cupón gordo mientras dure, apostar a que un cambio de gobierno comprimirá los spreads (riesgo país más bajo = TES más caros = ganancia de capital), y montar esa ganancia sobre un peso que se fortalece. Tasa, precio y moneda — tres motores al mismo tiempo.

Con todo, el carry trade funciona hasta que deja de funcionar. Se desmonta con violencia cuando el riesgo país se dispara o la moneda se mueve en contra. Pero hoy, con Colombia pagando tasas reales del 5,7% (11,25% menos 5,56% de inflación) versus tasas reales cercanas a cero en Estados Unidos, el imán es poderosísimo.

La Mano Que Mece la Cuna

La tercera hipótesis tiene que ver con el propio gobierno, que sin darse cuenta — o dándose cuenta perfectamente — está interviniendo el mercado cambiario.

En enero de 2026, Colombia realizó la mayor emisión de deuda externa de su historia: $4.950 millones de dólares en bonos globales. Más de 290 inversionistas internacionales presentaron órdenes por $23.200 millones — el libro más grande jamás registrado para una emisión colombiana. En diciembre de 2025, el Ministerio de Hacienda vendió TES por $6.000 millones de dólares a un solo inversionista extranjero (PIMCO) — una operación a puerta cerrada que la Contraloría validó pero que levantó cejas por su concentración. Sumadas, casi $11.000 millones de dólares entraron al sistema en menos de dos meses.

Esos dólares, según el propio director de Crédito Público, se mantienen inicialmente en el exterior y se “monetizan gradualmente”. Traducción: la Tesorería de la Nación los vende en el mercado spot al ritmo que le conviene. Cada vez que lo hace, aumenta la oferta de divisas y presiona el tipo de cambio a la baja. Es, en la práctica, intervención cambiaria — solo que no la ejecuta el Banco de la República con sus mecanismos transparentes de opciones y subastas, sino el Ministerio de Hacienda con sus operaciones de tesorería.

El resultado es paradójico: el propio déficit fiscal que asusta a S&P genera los dólares que fortalecen la moneda en el corto plazo. El gobierno se endeuda afuera, trae los dólares, los vende, y el peso se fortalece. Pero la deuda se paga. Y cuando llegue la hora de servir esos bonos al 5,93% promedio, los dólares habrá que comprarlos de vuelta. La revaluación de hoy es una factura mañana.

La Apuesta Electoral

Hay una cuarta hipótesis que casi nadie verbaliza pero que muchos en el mercado están ejecutando con su plata.

El ciclo Petro termina en agosto de 2026. Los inversionistas extranjeros — los mismos que están comprando TES masivamente — no están apostando a que Colombia mejore bajo este gobierno. Están apostando a que el próximo será diferente. Los flujos de capital que entran hoy al país son, en buena parte, una apuesta anticipada al cambio político. El mercado está comprando Colombia 2027, no Colombia 2026.

Si esa apuesta resulta correcta, los que entraron a estos niveles de tasa y de tipo de cambio van a ganar fortunas porque las tasas deberían caer (y los precios de los bonos y TES subir). Pero si el resultado electoral no es el que el mercado espera — si gana la continuidad populista, o si la transición se complica — el ajuste será violento. El carry trade se desmontará (unwinding) en días, los dólares saldrán más rápido de lo que entraron, y el peso podría corregir brutalmente.

La Resaca Aplazada

Las cuatro hipótesis comparten un denominador: ninguna refleja fortaleza real de la economía colombiana. Narco-dólares y oro ilegal no construyen productividad. El carry trade es capital golondrina con esteroides. La monetización de deuda es un juego de espejos temporales. Y la apuesta electoral es eso — una apuesta.

Lo que el peso colombiano muestra hoy es el aplazamiento de una resaca ingiriendo cerveza, no la cura real de la resaca que es dejar de consumir alcohol. La moneda no se aprecia porque la economía esté bien. Se fortalece porque hay una avalancha de dólares — legales e ilegales, de deuda y de especulación — que enmascara el deterioro fiscal, institucional y productivo del país.

La semana que acaba de pasar debería haber sido un baño de sangre cambiario. Que no lo fue debería preocuparnos más, no menos. Porque cuando el efecto de la anestesia pase, el paciente va a sentir todo al mismo tiempo.

* Abril 11, 2026. Tomado de:

https://andresfelipearias.substack.com/p/el-peso-que-no-deberia-fortalecerse?r=5bc25y