Ernesto Macías Tovar
Colombia ha tenido diversas experiencias con gobiernos del pasado, unas positivas y otras de ingrata recordación, pero nunca había padecido un período presidencial tan nefasto, en todo sentido, como el que agoniza. Por donde se observe, el paso de Gustavo Petro por la Presidencia deja un caos de proporciones descomunales.
Miremos apenas tres temas, entre muchos. Primero, la demolición del Sistema de Salud; basta con citar una cifra escabrosa: en los últimos tres años, han ocurrido cerca de 110.000 muertes evitables, atribuibles a fallas en el servicio. Lo demás es dominio público.
Segundo, que por desgracia también se mide en vidas truncadas, es la seguridad. En apenas tres años, el país acumula cifras que retratan una tragedia: 550 uniformados de la Fuerza Pública y 540 líderes sociales asesinados; y 310 masacres que han dejado más de 1.200 víctimas fatales. No son hechos aislados ni episodios marginales; es la evidencia de una violencia normalizada bajo la sombra de la “paz total”. Estas cifras revelan algo aún más grave: la incapacidad complaciente de contener el deterioro de la seguridad y la pérdida del control institucional en amplias zonas del territorio nacional; porque, además, Petro puso la inteligencia del Estado en manos mafiosas.
Pero más allá del debilitamiento de la Fuerza Pública, está el fortalecimiento de grupos narcoterroristas. Optó por empoderar a 80 cabecillas de estructuras criminales mediante la funesta figura de “gestores de paz”, mientras abrió una docena de mesas de diálogo sin resultados. No ha sido solo una apuesta peligrosa; es la línea difusa entre la fachada de negociar la paz y la expansión del crimen.
Tercero, la brutal corrupción. Ha sido una cadena de escándalos que configuran el cuatrienio más corrupto de la historia. La financiación de la campaña; la UNGRD, que tiene a congresistas, ministros y altos funcionarios presos o prófugos; las “chuzadas” de la DNI; y los abusos de poder en el DAPRE, en Ecopetrol, la Cancillería, Colpensiones, los ministerios de Salud y el Interior… No es una suma fortuita de casos; es un patrón.
Y cuando a ese patrón se agrega el comportamiento personal vergonzoso del jefe de Estado, sumado a sus agresiones al Congreso, al poder Judicial, al Banco de la República, a los organismos de control y a los medios de comunicación, entre otros, estamos ante un desastre total.
Es necesario activar alarmas y advertir a la ciudadanía que en las urnas debemos derrotar al candidato de Petro, “Don Iván”, como lo llaman las Farc, quien anuncia continuar “la obra” de su mentor.
12 abril, 2026
