Darío Acevedo C.*
La filosofía liberal, columna vertebral de la cultura Occidental, se caracteriza por ser una forma de pensar abierta, fluida, porosa. Una mirada a la manera como ha sido acogida, divulgada y adaptada por muchos países da cuenta de su gran diversidad y por ende, riqueza.
Los conceptos de libertad, razón, democracia, república, separación de poderes, economía de mercado, el pensamiento utilitario y el positivista son recreados por filósofos y lideres políticos aquí y allá como componentes, junto con uno de sus grandes productos, el capitalismo, de lo que se dado en llamar la Modernidad son sus banderas y referentes.
Se diferencia, debido a su condición abierta, de los dogmas tan propios del pensamiento y de las doctrinas totalitarias como el nazismo y el comunismo, que no pueden ser considerados como desarrollos de la Modernidad sino como sus contrarios.
El pensamiento totalitario exige la pureza ideológica, exige a las estructuras partidistas que lo divulgan establecer mecanismos y técnicas de supervisión, vigilancia y censura y prepara el camino para que una vez accedan al poder establezcan el castigo de las desviaciones con cárcel, torturas y destierros y califiquen de traidores a la causa a los críticos y disidentes.
La separación de la iglesia y el estado, obra moderna, de la que se desprende la diferencia entre política y religión quedan maltrechas cuando aún hoy en día, en el mundo, en campos de la izquierda se grita «patria o muerte» se impone la supremacía del partido o de los blancos o del tirano elevadas a trono celestial, y en el de la derecha hay quienes se proclaman dueños del poder, la razón y la verdad, son lo que descalifican a quienes se «contaminan» por firmar acuerdos con fuerzas políticas de corte moderado o centrista.
Las tendencias y líderes políticos puristas ideológicos se obstinan en desconocer la diversidad entre los humanos, entre sus culturas, en sus sociedades y creen que la tolerancia es una concesión de la democracia. No aceptan que el mundo no siempre es binario y que hay lucha y guerra cuando son las circunstancias y los hechos los que las impulsan. En general prestan poca atención al contexto y a la correlación de fuerzas piezas claves en el diseño de planes de acción.
Y esa es la paradoja, que los puristas detestan de la democracia y la libertad, ¿por qué? Porque son ideas que por ser abiertas, es decir, libres, no pueden negarse a sí mismas. Esa condición es aprovechada por el totalitarismo cuyo caldo de cultivo es la pretensión de la pureza y la rigidez ideológica.” (Marzo 19)
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(2) ¿La izquierda democrática tiene algo por decir?
“A quienes se consideran de izquierda decente, dirigentes políticos, sindicales, académicos, no necesariamente militantes ni obligadamente marxistas.
Quiero invitarlos, no a renunciar a sus ideas y aspiraciones políticas sino a desmarcarse del corruptor gobierno de Gustavo Petro, de su desorden para dirigir el país, su incontrolable narcisismo, su constante transgresión de normas y regulaciones propias de la administración pública, por su habitual choque con las cortes y el Congreso de la República, sus exhibiciones contra el decoro de su cargo, de sus frecuentes e inútiles viajes que aprovecha para dar rienda suelta a sus ínfulas de líder mundial y del desastre económico que ha causado, de su desbordamiento en los contratos de prestación de servicios, de su autoritarismo en el trato con sus funcionarios, de su obrar destructivo del sistema de salud, vía decreto en contravía del rechazo de su proyecto de ley por el Congreso, de su invocación sistemática al odio entre sectores de la sociedad y en particular contra los empresarios, de sus amenazas hilarantes contra la Constitución que juró defender, para no hablar del exhibicionismo en sus asuntos íntimos, etc.
Desde muchos años atrás Colombia ha presenciado ingentes esfuerzos de parte de quienes siempre se opusieron a la lucha armada como forma de lucha para alcanzar el poder y recorrieron en medio de incomprensiones y hasta persecuciones en la vía pacífica y en el mejoramiento a través de reformas del sistema democrático cuyo momento cumbre se produjo con la adopción de una nueva constitución en 1991, por todos aplaudida como un tratado de paz, progreso y garantías.
Las izquierdas que se acogieron a esa nueva y esperanzadora realidad han avanzado en la legitimación de sus métodos, sus discursos y sus programas y lograron conquistar espacios en cargos importantes del estado a través de las disputas electorales. Alcaldías, gobernaciones, ministerios entre muchos otros han sido ejercidos por personas de izquierda que han respetado esas dignidades.
Todo esto es lo que, desgraciadamente para ustedes, para nuestra democracia y para el país ha sido puesto en peligro por el gobierno actual con su forma de ejercer y proceder en el mando. Un presidente que asumió el mando con garantías no obstante los temores que despertó en amplios sectores de la sociedad.
Pero también, está en riesgo muy alto que, ad-portas de la elección de un nuevo presidente, avance como opción continuista apoyada por una izquierda que no ha sido crítica con el errático y erosionante comportamiento de su conductor, una candidatura que se presenta fiel a Gustavo Petro y su gestión.
Por estas razones, pienso que el modelo de cultura política que se forjó en el mundo occidental, con relieve significativo en Europa, a saber, la coexistencia entre fuerzas de izquierda y de derecha en la arena política que ha propiciado el debate de álgidos problemas bajo condiciones garantistas ante firmeza y vehemencia en las retóricas argumentales, que es lo que en buscábamos ver hecho realidad en la Colombia de fines de siglo XX y en lo corrido del XXI, está en peligro cuando, además de lo ya expuesto se amenaza con la convocatoria de asambleas constituyentes e ideas contrarias a la libertad económica y de su perpetuación en el poder.
Lo digo y lo pregono siguiendo a ese gran filósofo italiano Norberto Bobbio quien en su vibrante ensayo «Izquierda y Derecha» planteó tal hipótesis de difícil asimilación en tiempos turbulentos. Sin fundirse, sin romanticismo, sin idealización de un mundo de fraternidades, pero sí de respeto, por valores esenciales a ambos polos de la disputa, sin miedo a la controversia
Nadie con dos dedos de frente puede proponer en nuestro atribulado país que la corrupción boyante que padecemos sea un ejemplo por seguir. Nadie debe proponer negociaciones incondicionales con los grupos que tanto dolor le han causado a la patria.
Nadie debe impulsar ideas de odio hacia sectores de la sociedad civil como empresarios, sindicalistas, indígenas, campesinos, etc. Nadie debe apoyar propuestas de desestabilización institucional como la de convocar asambleas constituyentes. Nadie debe negarse a reconocer que tenemos el deber de crear soluciones para conjurar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de población en condiciones precarias.
Los candidatos que compiten por la presidencia con alguna excepción y diferentes énfasis se refieren a estos problemas. Es claro que no piensan igual, nadie se puede asustar porque se agiten las diferencias ya que ellas son las que la democracia regula y permite.
Señores de la izquierda decente o izquierda democrática no se queden callados, ser críticos con la política y el proyecto continuista no los deshonra, todo lo contrario, y enaltece la lucha electoral.” (Marzo 21)
* Publicados en su cuenta de X (@darioacevedoc).