
Carlos Salas Silva
En el pasado, mucho más que en el presente, el ritual de leer el periódico en la mañana, como también el de escuchar la radio para estar informados, nos hacía, de alguna manera, sentir participes de una comunidad a diferencia de ahora cuando en cualquier momento y lugar disponemos de datos procedentes de todas las latitudes que en lugar de acercarnos los unos a los otros nos separan. Pretendemos sustituir el vacío generado por los excesos, como ocurre con las adiciones, compartiendo lo que nos llega ya sea acerca de la guerra del momento, de las campañas presidenciales o de la corrupción del gobierno y con ello pretendemos considerarnos activos socialmente. Lo que se nos escapa es la narración que da sentido a nuestra relación con los acontecimientos y los ubica en el tiempo y en el espacio sin que caigamos nosotros, los muy inútilmente informados, junto a lo acontecido en el abismo de la nada.







