Eduardo Mackenzie*
¿Quién puede creer que Gustavo Petro disipó los “malentendidos” que crearon sus declaraciones incendiarias contra Israel de estos días? ¿Quién puede creer que una charla telefónica de 10 minutos entre el ministro Álvaro Leyva y su homólogo israelí, Eli Cohen, puede borrar un agravio de esas dimensiones?







