
Paloma Valencia
El presidente Petro nos tenía acostumbrados a sus caprichos. Cada mañana se despertaba con una nueva ocurrencia que ponía a su equipo de gobierno en una improvisada ruta. Así sucedió con la salud del magisterio, con la producción de energía, el tren volador, los aguacates o con la idea de cambiar el escudo nacional. El resultado siempre ha sido el mismo: una crisis. La magnitud ha variado, pero la persistencia en dañar ha sido constante.