
Maritza Aristizábal*
Es un embestida cruel, dolorosa, brutal despiadada, la de la dictadura de Nicaragua contra la Iglesia Católica. Pero es aún más doloroso, cruel, brutal e inexplicable la indiferencia de naciones enteras, incluida Colombia, y el estruendoso silencio del Vaticano. En un mensaje simple, sin siquiera mencionar a la iglesia, a sus pastores a Monseñor Rolando Álvarez, el Papa dijo que seguía con preocupación y dolor la situación de Nicaragua y habló de un diálogo para encontrar una convivencia pacífica.