
José Alvear Sanín
Repasando la vociferante apología de la revolución que hizo Petro el 1° de Mayo ante algunos millares de obreros (llevados por fletados sindicalistas), centenares de indígenas indigentes (arriados por sus opulentos caciques), y empleados públicos (amenazados de destitución), observo un discurso incendiario y abominable, arranque para la fase violenta de la revolución colombiana.
