Eduardo Mackenzie*
La vergüenza por el caso Rodrigo Granda se trasladó de México a Colombia. La conducta irregular adoptada por el gobierno mexicano, consistente en desconocer un tratado de extradición con Paraguay y burlarse de una orden de captura de Interpol, para favorecer a un individuo acusado por la justicia de Paraguay de haber cometido delitos atroces en ese país, pasó a Colombia. ¿Cómo es posible que una persona como Rodrigo Granda, ex dirigente de la organización narco-terrorista FARC, vinculado al secuestro y asesinato de al menos dos mujeres en Paraguay, pueda regresar de México tranquilamente y seguir libre en Colombia convirtiendo a nuestro país en un vil santuario de bandidos?