
Alexander Cambero
El desespero es propio de las almas en pena. Comienzan a vagar por mundos sumergidos en estela de frustración. En la orfandad de quienes carecen del fervor de las mayorías van germinando agrios momentos de pesadumbre que indican que la prepotencia colgó los guantes. Que ahora lo que recorre los pasillos de Miraflores es el miedo a salir de allí. Que están claros que la justicia internacional está esperándolos en el banquillo de los acusados. Ya más de uno tendrá las medidas de sus vestimentas de preso.