Por Andrés Felipe Arias
Cepeda y Petro perdieron, pero le echan la culpa al conteo y piden impugnar 33.000 mesas. La repetición muestra que las jugadas dudosas son de ellos y perjudican a De la Espriella.
-Le echan la culpa al balón
El domingo 21 de junio, Abelardo de la Espriella ganó la segunda vuelta por un cuarto de millón de votos. En lugar de aceptar el marcador, la campaña de Iván Cepeda y Gustavo Petro le echan la culpa al balón —al conteo, a un cambio de IP en los servidores, a las mesas del exterior— y exigen el VAR, esto es, impugnar cerca de 33.000 mesas, una de cada cuatro del país.
El problema de pedir la repetición es que la cámara también te graba a ti. Cuando uno mira con calma la repetición de esta elección —las 1.189 circunscripciones del país, esto es, los municipios y los consulados del exterior, con los datos oficiales de la Registraduría—, las jugadas dudosas llevan todas la camiseta de Cepeda.
-Cómo se mira la repetición
En una segunda vuelta, cada voto nuevo de un candidato sale de una fuente contable: los votos de los once perdedores de primera vuelta, los blancos y nulos que cambian de opinión (o que esta vez optan por votar, o aprenden a marcar bien y no se los anulan), así como el aumento de participación.
Eso es lo disponible. Si el crecimiento de un candidato cabe en esa bolsa, el resultado es aritméticamente defendible. Sin embargo, si la desborda, ese candidato no pudo crecer sin que el rival le hubiera transferido votos propios.
Ahora bien, la tasa de captura mide qué parte de lo disponible se llevó cada quien; la mediana del país fue 35%. Acercarse a 100% —es decir, capturar casi todo lo que quedó en juego en un municipio después de la primera vuelta— es de por sí un indicio de anomalía.
Pero pasar de 100% en un municipio ya no tiene sentido aritmético. Eso solo puede ocurrir de tres maneras. Una, que muchos de los que votaron por el rival en primera vuelta se hayan pasado al ganador en la segunda, por convicción, por intimidación o porque les compraron el voto. Otra, que el acta esté mal llenada o alterada, con la casilla del rival en blanco. Y la tercera, que haya un error en los datos.
-Donde el VAR sí ve una falta
Pues bien, tres municipios pasan del 100% en captura a favor de Iván Cepeda, los tres en Nariño: Leiva (128%), Policarpa (110%) y Cumbitara (101%).
Leiva es el caso más grotesco. Allí De la Espriella bajó de 966 votos en primera vuelta a 337 en la segunda (caída de 65%). Por su parte, Cepeda creció en 1.803 votos cuando todo lo disponible en el municipio, sumando perdedores, blancos, nulos y nuevos votantes, llegaba a 1.406.
En otras palabras, en Leiva De la Espriella perdió 629 votos, y la aritmética obliga a que al menos 397 de ellos —más del 40% de su votación en primera vuelta— se hayan volteado en favor de Cepeda. No hay otra fuente posible.
Si esos votos cambiaron de manos por voluntad del elector en tres semanas, o si el conteo no refleja lo que pasó en la mesa, es lo que la revisión tendría que decidir. Las actas, que vienen enseguida, apuntan a lo segundo.
-El salto anormal
Hay un segundo lente del VAR que mira algo distinto: cuánto saltó el porcentaje de Cepeda entre la primera y la segunda vuelta en cada municipio. A ese salto lo llamamos vuelco.
En casi todo el país el vuelco fue moderado, con una mediana de 3,6 puntos. Para separar lo normal de lo atípico se usa la frontera del rango intercuartílico, el criterio con que la estadística marca un dato como fuera de serie. Esa frontera, que llamamos umbral, se define de acuerdo a la siguiente ecuación.
Q1 es el primer cuartil, el valor por debajo del cual quedó el 25% de los municipios de menor vuelco; en la data de segunda vuelta, 2,0 puntos. Q3 es el tercer cuartil, por debajo del cual quedó el 75% del vuelco de los municipios; 5,3 puntos con la data de segunda vuelta.
La diferencia entre los dos, 3,3 puntos, es el ancho de la banda donde se mueve la mitad central del vuelco de los municipios del país. Se toma el cuartil alto y se le suman dos veces y media esa banda: 5,3 + 2,5 × 3,3 = 13,55 puntos, que redondeamos a 13,6.
Solo cuatro municipios superan ese umbral. Tres quedan en Antioquia, donde De la Espriella había ganado la primera vuelta, y uno en Nariño.
Aunque Anorí incluso se voltea a favor de Cepeda por el vuelco, el caso de Leiva es el más descarado, porque es el único que los dos métodos marcan a la vez. Pasa del 100% en captura y además salta fuera del umbral normal de vuelco. Es la misma anomalía detectada por dos caminos.
Que Cepeda subiera tanto en tres semanas no prueba nada por sí solo. Puede haber giros políticos reales, aunque difícil creerlo en zonas golpeadas por el narcoterrorismo. Y un salto que se aparta tanto del resto del país es más bien un VAR que detecta anomalías que perjudican a De la Espriella.
-El VAR sobre las actas
Para salir de la estadística, se bajaron las actas E-14 originales, las que llenan y firman los jurados de cada mesa. En las mesas rurales de Leiva, De la Espriella marca cero votos en cuatro de siete actas; en total reúne 11 votos entre 1.349 sufragantes.
El puesto de votación Damasco, en Cumbitara, es el caso más protuberante. El acta da 274 votos a Cepeda de 274 votantes, el ciento por ciento, y deja vacía la casilla de De la Espriella, igual que las de blancos y nulos. He ahí la mano en el área, pues cuando no hay votos que marcar a un candidato, o no hay votos nulos o en blanco, se debe poner un cero.
Con todo, seis jurados la firmaron así, sin anotar siquiera un cero en el renglón de De la Espriella, de nulos o de votos en blanco. El patrón está escrito a mano en el documento original.
Acá se observa mejor la grosera omisión:
-La paja en el ojo propio
Desde luego, los votos en exceso de los municipios señalados pesan una fracción del margen y De la Espriella, con todo y semejante alerta del VAR, gana de todos modos la presidencia de Colombia.
Lo que no admite duda es la dirección del posible fraude. De haberlo habido, no fue un fraude que beneficiara a De la Espriella, sino a Cepeda. Cada jugada inusual —la captura desmesurada o incluso superior al 100% del disponible (los 3 de Nariño), los vuelcos fuera de serie (3 de Antioquia y 1 de Nariño), el municipio que por dicho vuelco se voltea (Anorí), actas con De la Espriella en blanco (ej.: Damasco en Cumbitara)— apunta al mismo lado, en contra de De la Espriella y en favor de Cepeda. Con Leiva como caso flagrante y notorio afectando a De la Espriella.
Ello para no mencionar las causas que pueden subyacer a las anomalías: intimidación armada por parte de bandas criminales, corrupción al sufragante (compra de votos) o incluso presión a funcionarios estatales. En suma, si algo se torció, no fue en perjuicio de Cepeda. Fue en perjuicio de De la Espriella.
Por eso el reclamo de Cepeda y Petro les puede salir al revés. Piden el VAR sobre 33.000 mesas, y la repetición va a terminar marcándoles la falta a ellos. Antes de revisar el ojo ajeno, harían bien en mirar la paja en el propio. Lo que de verdad le sirve a Colombia es que acepten la derrota y se preparen a ser oposición.
* ARIAS FINANCIAL ACADEMY
Andrés Felipe Arias — 23 de junio de 2026