Alfonso Monsalve Solórzano
A ocho días de la elección más crucial del país, pareciera que Abelardo de la Espriella va a ganar. Al menos así lo muestran las dos encuestas más acertadas en las predicciones de la primera vuelta, publicadas antier y ayer respectivamente. Veamos:
Atlasintel pronostica que de la Espriella obtendrá el “52,4 por ciento de la intención de voto (votos válidos), le saca 8 puntos de ventaja a Iván Cepeda (44,4%)” (https://www.semana.com/politica/articulo/abelardo-de-la-espriella-presidente-el-tigre-derrotaria-a-ivan-cepeda-en-la-segunda-vuelta-segun-la-mas-reciente-encuesta-de-atlasintel/202644/).
Por su parte, Guarumo Ecoanalítica, arroja un apoyo del 52,6 % para Abelardo frente a un 45 % de Iván Cepeda y un 2,4 % que votará en blanco; lo que significa que el primero le saca al segundo 7.6 puntos (https://www.eltiempo.com/politica/elecciones-colombia-2026/encuesta-final-de-guarumo-y-ecoanalitica-para-segunda-vuelta-presidencial-abelardo-de-la-espriella-52-6-ivan-cepeda-3564095).
Si los pronósticos se cumplen y el universo de votantes se mantiene, es decir, si todo permanece igual, y teniendo en cuenta que en la primera vuelta votaron 23.685.329, un punto porcentual es igual a 236.000 sufragios. En ese escenario, Abelardo sacará alrededor de 12.320.000 votos (contra 10.361.499, en la primera), y Cepeda unos 10.660.00 (contra 9.688.361); con lo que aquel obtendrá una ventaja entre 1.652.000 votos (si se toma como base a Guarumo Ecoanalítica) y 1.888.000 (si se calcula con los datos de Atlasintel). Ahora bien, podría ocurrir que en la segunda vuelta voten más ciudadanos que en la primera. En ese caso, los votos de las dos campañas crecerán, pero se mantendrá la diferencia porcentual.
Como sea, esta diferencia es tan abrumadora, que será imposible, si el oficialismo actúa razonablemente, que no reconozca el resultado, como lo ha hecho Petro con el de la primera vuelta o admitirlos con ocho días de retraso, como hizo Cepeda. Pero eso es como pedir peras al olmo.
La desesperación cunde en las filas del Pacto Histórico. En esta semana crucial podríamos ser testigos de una oleada de violencia en las calles, promovidas por el petrocepedismo y su primera línea; incluso, no se puede descartar intentos de atentados contra de la Espriella o su candidato a la vicepresidencia, José Manuel Restrepo; además, se pondrá, como nunca, la estrategia del voto – fusil, como ocurrió en poblaciones del Cauca, Nariño; Guaviare, meta y otros lugares, donde el candidato oficialista obtuvo entre el 85% y el 90% de los votos. Afortunadamente, su incidencia electoral es muy pequeña.
También podríamos asistir al fenómeno de compra de votos masivo, especialmente en la costa atlántica; aunque ya de la Espriella denunció públicamente, con nombre propio, los presuntos grandes comerciantes de sufragios y los expuso ante los ojos de la justicia nacional e internacional, con lo que ese fenómeno se reduciría ostensiblemente (a menos en teoría). Reducir a su mínima expresión ese fenómeno en los departamentos de la costa atlántica es definitivo, porque fue allí y mediante ese método, donde Petro obtuvo los votos decisivos para llegar a la presidencia.
Finalmente, el petrocepedismo podría recurrir, nuevamente, al truco de desconocer los resultados: Podría haber desordenes en las ciudades, asonadas, ataques armados en el campo, etc. La actitud de las fuerzas armadas es crucial, aquí; pero también la salida pacífica de los ganadores a las calles para exigir el reconocimiento del triunfo, así como el pronunciamiento del MOE y demás organizaciones de la sociedad civil. Igualmente, el acompañamiento institucional del CNE, de la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia y el Consejo de Estado, de la Registraduría y de los órganos de control, Fiscalía y Procuraduría; y el congreso Y, por supuesto, el soporte de la comunidad internacional, a través de las misiones de observación y sus gobiernos, para asegurar el reconocimiento internacional del triunfo de Abelardo de la Espriella.
Pero el triunfo tiene una condición necesaria para ese candidato y sus Defensores de la Patria: que no cometan errores garrafales o que el contendor logre mostrar de manera inapelable algún delito que pueda enlodar o hacer inviable esa candidatura. Hasta ahora, lo primero no ha ocurrido; y en lo segundo, el oficialismo ha fracasado: las acusaciones de Cepeda, señalándolo de paramilitarismo, con parafernalia y dramatismo, ante la justicia colombiana y ante la Corte Penal Internacional, no tuvieron el efecto buscado, porque de la Espriella mostró que su labor como abogado defensor de miembros de ese grupo fue una acción enmarcada en derecho, dentro de la constitución y las leyes, que él le informó ampliamente al país sobre esos hechos, explicando el papel de un abogado defensor en un sistema democrático, y que fue investigado y exonerado, en su momento, por la justicia colombiana por esas acciones; tampoco les funcionó la prohibición de usar la camiseta del seleccionado de futbol o exclamar “firmes por la patria” o cambiar el nombre de “defensores de la patria”, ordenadas por jueces de primera y segundas instancia, pero revocados por la Corte Suprema de Justicia.
El apoyo explícito de Trump a la candidatura de Abelardo de la Espriella ha sido visto por la izquierda colombiana como una injerencia en el proceso electoral colombiano, y lo es; pero esa gente tiene amnesia selectiva: Petro, como presidente, ha intervenido en las elecciones de Estados Unidos, Argentina, Venezuela, El Salvador y Perú y se ha manifestado a favor de Cuba, entre otras cosas. Doble rasero.
Y no se puede olvidar que las relaciones con USA se dan en el marco de la lucha global contra el narcoterrorismo, del cual Colombia y USA son las principales víctimas. En nuestro caso, si no vencemos al narcoterrorismo, estaremos condenados a ser un estado fallido, que perderá su democracia y será manejado por actores armados narcotraficantes que se reparten el territorio nacional, bajo la máscara de la unidad ficticia de un régimen que le es funcional, como ha comenzado a suceder con Petro y se profundizará con Cepeda.
Se trata, entonces, de una amenaza contra nuestra seguridad nacional y la de Estados Unidos, lo que hace de la alianza con ellos para combatir ese flagelo, sea una prioridad geopolítica. No podemos olvidar que esos grupos han sido apoyados por Cuba, que los ha creado (caso ELN) y acogido; y en Venezuela, en donde se han asentado y se convirtieron en fuerzas paramilitares del régimen de Maduro, que permitió que su territorio se transformara en retaguardia estratégica para sus ataques a Colombia y en aliados en el narcotráfico – tendencia que, parece, se está revirtiendo en ese régimen por la presión de USA- lo que beneficia naturalmente a Colombia-. Y no olvidemos que han tejido relaciones con el régimen de Irán y con Hezbolá y con los carteles internacionales de la droga.
En la semana que hoy comienza hay, por todo lo anterior, las posibilidades de triunfo de la oposición aumentan; sin embargo, hay que defender la candidatura de los Defensores de la Patria, no caer en provocaciones, pero vencer el miedo. Se trata de resistir esta semana, teniendo a Colombia en mente, para asistir masivamente el próximo domingo a salvar nuestra democracia y nuestro futuro.