Ellos pagan el lobby. Nosotros somos el lobby.

Ellos pagan el lobby. Nosotros somos el lobby.

Elizabeth Sánchez Vegas

“Apenas el 14 de abril, Delcy Rodríguez contrató al abogado y lobista californiano Jihad M. Smaili, quien se registró de inmediato ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos como agente extranjero bajo la Ley FARA. Lo paga con el dinero que el narcorégimen le arrancó al hambre, a la enfermedad y a la desesperación de un pueblo que se muere de necesidad. Qué bajo, qué indigno, qué obsceno usar los recursos de un país saqueado para comprar puertas en Washington, proteger los negocios turbios de PDVSA y Citgo y, sobre todo, abrirle camino a su propia candidatura presidencial. Cada puerta que ella toca en Washington lleva pegado el polvo de un país desvalijado.

Mientras tanto, María Corina Machado demuestra que existe un cabildeo que ningún talonario puede igualar. Ella no pone ni un solo centavo. No lo necesita. Su influencia nace de algo infinitamente más poderoso: casi nueve millones de venezolanos en el exilio que, por puro amor a la patria, se han convertido en sus cabilderos más feroces y auténticos. La reciben en cada ciudad del mundo, la acompañan con el alma en la mano y convierten cada rincón en una embajada viva de Venezuela libre.

No son los salones del poder los que la inspiran. Es el pueblo. Son los hombres que lo dejaron todo y aun así levantan la voz. Las mujeres que cargan la herida del desarraigo con una dignidad que el exilio jamás pudo quebrar. Los niños que se aferran a sus piernas con ojos limpios y dibujos de la bandera tricolor. Esos abrazos que duran una eternidad, esas lágrimas sin vergüenza, esas cartas que tiemblan en las manos… Ese es el verdadero lobby. El que no se registra ante nadie. El que no se compra ni se vende. El lobby del alma.

Estos nueve millones han convertido el dolor en presencia, el exilio en voz y la distancia en un puente indestructible. Y dentro de Venezuela, más del noventa por ciento de quienes aún resisten en silencio llevan en el corazón a María Corina, guardianes invisibles pero inquebrantables de la dignidad.

Esa es la diferencia abismal: Delcy compra acceso con el dinero robado al pueblo y sueña con coronarse sobre sus huesos. María Corina lleva consigo la voz, el alma y la dignidad del pueblo entero.

Y ya está muy cerca, mucho más cerca de lo que muchos imaginan, el día en que esa voz se convierta en un solo abrazo inmenso. Cuando María Corina regrese a Venezuela, la acompañaremos esos nueve millones de cabilderos del alma que estamos fuera, sus lobistas más feroces y auténticos por puro amor a la patria, junto a los millones que nunca se rindieron dentro del país.

Ese reencuentro sellará, en las próximas elecciones presidenciales, el triunfo definitivo de la legitimidad sobre la maniobra, de la esperanza sobre la ambición personal y del pueblo sobre quienes intentaron venderlo.

Ellos pagan lobby. Nosotros somos el lobby.

Y esa fuerza, nacida del corazón y no del bolsillo, es simplemente imparable. ¡Venezuela será libre!” (Abril 16)

* Publicado en su cuenta de X (@elhabito).