Iván Tabares Marín
Luis Carlos Galán Sarmiento fue asesinado el 18 de agosto de 1989 por su proyecto en contra del narcotráfico y en favor de la extradición de los capos de la droga, en plena campaña electoral. Juan Manuel, el hijo de Galán, ofreció la candidatura del Nuevo Liberalismo al director de la campaña César Gaviria Trujillo.
A pesar de que en las encuestas iniciales Gaviria Trujillo aparecía con pocos votos, escribí una columna de prensa pronosticando su triunfo basado en un burdo análisis psicoanalítico. Para Freud, con cada niño que llega a una familia se repite el drama edípico. El varoncito “compite” con el padre por el amor de su madre.
Para comprender esto es bueno recordar que, en la tragedia griega, Edipo es abandonado por su padre, el rey, ante el anuncio de una pitonisa de que ese niño asesinará a su padre. El sirviente encargado de matar al bebé decide entregarlo a unos campesinos para su crianza. Cuando estaba mayor, Edipo se encuentra con el rey, tiene un conflicto con él y lo asesina. Luego conoce la reina sin saber que es su madre, cohabitan y, cuando él se entera de su error, se saca los ojos.
En las teorías de Freud, el padre simboliza autoridad, motivo por el cual los gobernantes son metáforas del padre. Si los varones tenemos un deseo inconsciente de matar al padre, la muerte de nuestro líder político remueve en nuestro inconsciente el remordimiento de haber querido asesinarlo. Por tanto, el asesinato de Galán motiva su identificación con él y por eso, muchos, votaron por su heredero, César Gaviria, presidente para el período 1990 – 1994.
Hoy nos encontramos en una situación similar porque el gobierno de Gustavo Petro tiene una alianza manifiesta con el narcotráfico en su campaña de “abrazos, no balazos” a imitación de AMLO, Andrés Manuel López Obrador, y que aquí tiene otro nombre, “la paz total”, proyecto que ha sido un fracaso y que Iván Cepeda decidió continuar si llega a la presidencia.
Que ningún colombiano olvide que el marxismo o la izquierda actual no busca tomar el poder con las armas; que los guerrilleros son delincuentes comunes, no políticos; que la izquierda hoy ha declarado una batalla cultural, y que sus nuevos sujetos revolucionarios son los maestros de Fecode y los intelectuales de las universidades, no los trabajadores que se aburguesaron; la izquierda es una organización del crimen. Cepeda y Petro, siguen practicando el viejo marxismo en el que fueron adoctrinados y desconocen la Nueva Izquierda.
Por tanto, las amenazas de muerte que circulan en las redes sociales contra “el Tigre” Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia son el peor error de los zurdos. Esa misma organización asesinó a Miguel Uribe Turbay después de más de 43 trinos contra él de Gustavo Petro. ¿Tiene alguna responsabilidad ese enfermo mental? Si siguen asesinando líderes de la derecha, los colombianos entenderán que todos estamos amenazados como los cubanos, venezolanos, nicaragüenses y mexicanos.
