EE.UU. e Israel contra Irán, una guerra incomprendida

EE.UU. e Israel contra Irán, una guerra incomprendida

Darío Acevedo C.*

“EE.UU. e Israel contra Irán, una guerra incomprendida

La opinión antinorteamericana junto con medios antitrumpistas y, por supuesto, los enemigos históricos de Estados Unidos, han impuesto una versión de la guerra de los EE. UU. e Israel contra Irán en la que invisibilizan las motivaciones centrales del ataque de los dos aliados históricos contra el centro generador de terrorismo del Oriente Medio.

No fue Estados Unidos quien amenazó a Irán para dominarlo o exterminarlo con su poder nuclear. Tampoco fue Israel el que se propuso borrar de la faz de la tierra a los iraníes.

Las cosas son todo lo contrario. Desde el triunfo de la revolución religiosa de los ayatollas lideradas por Khomeini en 1979, los nuevos gobernantes crearon un sentimiento de odio frente a Occidente y en especial contra Los Estados Unidos e Israel. Se dedicaron a organizar, financiar y armar grupos y movimientos de corte terrorista. 

La retórica antisemita y antinorteamericana maduró hasta convertir sus amenazas en parte fundamental de sus planes militares: investigación nuclear, construcción de misiles de mediano y largo alcance y medios de ataque de sus aliados por fuera de sus fronteras.

En junio de 2025 en el marco de la guerra de Israel contra Hamas, la milicia Hezbola y otras facciones yihadistas proiraníes, el gobierno de Israel entendió que tales conflictos no tendrían forma de ser superados si a su vez no se derrotaba a su inspirador y financiador, el Irán de los ayatolas.

Pero, tenían claro que por sí solos no podrían derrotar al adversario, y entonces forjaron una alianza con los EE. UU. víctima de amenaza nuclear por parte del régimen de los fundamentalistas musulmanes.

Ahí tomó forma la estrategia de atacarlo conjuntamente a mediados de 2025 después de no haber recibido respuesta a requerimientos de desestimiento de sus amenazas.

Aunque Irán recibió golpes severos a su infraestructura militar, la inteligencia del Mossad y la CIA dieron cuenta de la pervivencia de las amenazas y de una recuperación de aquellos ataques, por tanto, que dicha circunstancia significaba el renacer del peligro del arma nuclear contra Estados Unidos y del deseo de desaparecer a Israel del mapa mundial.

Analistas de distintos medios, plataformas y redes, la ONU, la OTAN y gobiernos europeos que se supone son amigos de EE. UU. omiten referirse a esa perturbadora información de  tal forma que la acción guerrera de EE. UU. e Israel se presenta como una guerra de agresión, una violación de la soberanía de Irán y una infracción del derecho internacional.

Esa labor de borrar las motivaciones originales está acompañada de afirmaciones basadas en especulaciones como la de sostener que Trump y sus Secretarios de Guerra y de Estado, el Pentágono y asesores, se equivocaron en el planeamiento de las actuales operaciones, se centran en la supuesta confusión del presidente Trump cuando, en apariencia y quizás con fines de confundir al adversario, hace declaraciones contradictorias y confusas o incoherentes.

Se les olvida la experiencia en Venezuela a la que Trump se resolvió después de varios meses de “asfixiante” espera. Minimizan y hasta desconocen los llamados previos al inicio de hostilidades y posteriores invitaciones del presidente Trump para adelantar conversaciones con fines de encontrar una solución negociada.

De otra parte, Estados Unidos ha recibido suficiente demostración de la ingratitud de sus socios de la OTAN y de los países que ha protegido con sus bases a lo largo de la guerra fría y en los años posteriores al derrumbe soviético.

¿Faltaba algo más? Durante más de ocho décadas amplios sectores de la población europea azuzados por grupos comunistas, nacionalistas y socialdemócratas convirtieron a los héroes de su liberación del yugo nazi fascista en objeto de su rechazo y hasta enemistad.

El efecto de esa actitud inamistosa es lo que estamos presenciando en todo su esplendor por parte de mandatarios, intelectuales, analistas, pazólogos que en nombre de principios inmutables, ahora sí, invocan la soberanía de un país que abiertamente patrocina el terrorismo con su apoyo a Hamas, Hezbolá, a los yihadistas, los hutíes y a otros grupos que atacan desde la clandestinidad, se mueven en secreto y en veces con el apoyo de gobiernos cómplices.

Un principio que algunos de ellos silencian ante la agresión rusa a Ucrania a pesar de que en tal caso lo que sobresale y es reconocido por el dictador Putin es su ambición de adueñarse de ese país o de gran parte de su territorio sin tener una excusa válida para intentarlo.

No voy a especular sobre los problemas de las tácticas de guerra en este conflicto del Medio Oriente, sobre la situación del momento, que es lo que hacen politólogos que de la noche a la mañana emergen como especialistas de la guerra y de la geopolítica del problema, dejando a la vista y al oido que se quedan en la simple opinión y dando rienda suelta, caso algunos medios europeos como France24 y DW a su sesgo antianorteamericano y antiisraelí.

Muy grave que los desencuentros entre EE. UU. e Israel con la Unión Europea que vienen de años de atrás, maduren hasta la ruptura de uno de los dos grandes pactos en torno de los cuales giró la “Guerra Fría”, tal como se desprende del evidente y razonable disgusto del presidente Trump y su Secretario de Estado Marco Rubio.

No es algo deseable, puede derivarse hacia una situación de desestabilidad, temores, caos y guerrerismo ante la ausencia de gobiernos que lideren la contención y la disuasión.

Cuánta falta hacen voces como la del recordado filósofo de mayo del 68 francés, André Glucksman, quien años después de ese movimiento y de haber superado su militancia maoísta, escribió un corto documento-carta de saludo y reconocimiento a sus “hermanos soldados norteamericanos” que ofrendaron con unas 30 mil vidas para liberar a Italia, Francia, Holanda y a Europa Occidental de la invasión nazi y posteriormente del expansionismo del régimen soviético. Atrás, fuera de la memoria, queda el gran Plan Marshall con el que EE. UU. financió la recuperación de la Europa de la Posguerra sumida en la miseria.” (Abril 7)

* Publicado en su cuenta de X (@darioacevedoc).