José Ramón López Gómez
Elí, Elí, ¿lama sabactani?, Mateo 27:46 y Marcos 15:34, expresión en arameo, lengua antigua que se dice hablaba Jesús. En esa frase se concentra el drama de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo que lo acerca más aún a las facetas de su doble condición de Dios y ser humano que le asignan las creencias católicas.
Cuando el evangelista afirmó que “el verbo, el logos, se hizo carne y habitó entre nosotros”, Juan 1:14, era una premonición de que Cristo iba a participar de la sublimada o devaluada condición humana y para ello tenía que pasar por una situación tan nuestra como el abandono que aquí se describe en su larga agonía. No es la primera vez que El Salvador de los cristianos pareciera que desea renunciar a su destino o dudase de la misión terrenal signada también por el dolor. Ya en el Monte de Los Olivos le había pedido a su Dios que apartara de él ese cáliz de sufrimiento para el cual estaba destinado. ¿Pero qué puede pensar un hombre después de recorrer el vía crucis y encontrarse en el momento supremo de la transición entre la vida y la muerte, aunque intuya que es también el tránsito hacía la resurrección que lo pone en la condición sublime de divinidad según los evangelios? No es en otro sentimiento que en el del ABANDONO del cual también participamos todos en el mundo cómo lo veremos a continuación.
¿Por qué nos has abandonado clama el universo con sus elementos de fuego, aire, agua y tierra abusados por la mano de quienes lo habitamos? Ese mismo sentimiento lo expresan los niños. ancianos, mujeres, enfermos de todo tipo víctimas del daño que recientemente se le ha hecho a nuestro sistema de salud que venía funcionando no obstante las limitaciones propias de las empresas humanas
Por qué nos has abandonado, claman los desplazados por las violencias en Colombia y por las dictaduras de China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua y los que emigran por las condiciones de vida que se imponen en estos y otros países y que los obligan a buscar refugio en lugares distintos a sus naciones de origen.
Porqué nos has abandonado dicen las víctimas de las guerras en Ucrania, Palestina, Israel, Líbano, Siria, Irán y otros países de Oriente Medio, del África y Asia.
Por qué nos has abandonado gritan las democracias ante dictaduras de derecha e izquierda erigidas algunas sobre las bases de elecciones democráticas pero que luego han devenido en autocracias inclusive a nombre del pueblo, del proletariado que dicen representar o con el fin de hacer grandes a países que se creen dueños del mundo o se disputan la hegemonía sobre él como lo hacen hoy EEUU, China y Rusia.
Y por qué has hecho lo mismo ante las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial cuyo uso inadecuado amenazan con la autodestrucción física, mental y psicológica de la especie originaria de Adán y Eva. A propósito de todo lo anterior citemos las palabras pronunciadas por el Sumo Pontífice León XIV en esta semana: “Es prioritario recordar que ni en el ámbito pastoral, ni el ámbito social y político el bien puede provenir de la prepotencia”.
La sabiduría popular expresa que Dios dijo “ayúdate que yo te ayudaré”, palabras que no están en ningún evangelio pero que tienen validez, vigencia y constatación si asumimos como sociedad y en democracia nuestro destino. Y cómo lo podemos hacer, cómo podemos salir de ese abandono que no es de origen divino. Pues renunciando a apoyar a grupos violentos y a dirigentes y organizaciones que los respaldan, asumiendo prácticas de vida que lleven a la conservación de nosotros mismos y el entorno, optando por soluciones políticas que restauren nuestro sistema de salud, escogiendo entre los regímenes de gobierno el menos imperfecto que es la democracia y que se opone a la dictadura o autocracia, no mezclando la violencia con las concepciones religiosas como lo hace el islamismo extremo que se encuentra en la base de la guerra más grave que se libra hoy en territorios sagrados que dieron origen en medio oriente a las religiones mayoritarias de occidente que están obligadas a reivindicar la paz como derecho fundamental de la convivencia humana y finalmente haciendo buen uso de las nuevas tecnologías a favor de la naturaleza y de la especie a la que pertenecemos.
Las palabras proféticas de “por qué me has abandonado” atribuidas al rey David en el salmo 22 y a Jesucristo como constatación de su pasión muerte y victoria final llaman a la iglesia católica y a los que de una u otra manera pertenecen a ella a tener confianza ya que Jesús martirizado, flagelado y abandonado aparentemente en su agonía y nosotros mismos no podemos desampararnos, por el contrario, debemos asumir el destino terrenal en nuestras manos aferrándonos a la solidaridad cristiana y a la democracia que “cuando se va no vuelve”. Por eso debe retumbar en toda Colombia la consigna de recuperarla para que las instituciones vuelvan a regir, se restablezcan la libertad y el orden y hagamos de nuestro país el territorio de progreso que los colombianos nos merecemos.
Monseñor Héctor Fabio Henao, delegado en Colombia de las relaciones iglesia-estado nos hace el siguiente llamado a la reflexión diciéndonos que esta “Es una Semana Santa que está muy cerca a lo que serán las decisiones sobre el futuro político del país. Unas elecciones que van a tener importancia indudablemente significativa y, por lo tanto, el llamado va a ser a reflexionar también sobre nuestra responsabilidad ciudadana y nuestra capacidad de volver nuestra espiritualidad práctica en el momento de elegir y en el momento también de saber asumir las responsabilidades propias de nuestra condición de miembros de una sociedad en la cual se ejerce la democracia”. (sic)
En ese sentido, insistió en que la fe no puede quedarse en lo simbólico, sino que debe traducirse en acciones concretas dentro de la vida pública, especialmente en una sociedad donde cada ciudadano tiene responsabilidades frente al rumbo colectivo. También subrayó la urgencia de avanzar hacia un clima de reconciliación y entendimiento, en medio de un contexto donde persisten expresiones de violencia. Según indicó, la invitación es a revisar el tipo de liderazgo que se está promoviendo en el país, apostándole a uno basado en el servicio, la construcción de puentes y la capacidad de diálogo.
Como corolario de todo lo anterior y para terminar reflexionemos en esta oración recomendada por la Conferencia Episcopal Colombiana:
“Señor Jesús, hemos caminado contigo por el camino de la cruz y hemos reconocido tu rostro en el dolor y la esperanza de nuestro pueblo colombiano. Tú cargaste nuestras cruces, caíste con quienes han caído, moriste con quienes murieron injustamente y sembraste esperanza allí donde parecía no haber futuro. Recibe, Señor, la historia herida de este país: las víctimas, los pobres, los desplazados, las madres que lloran, los jóvenes sin oportunidades y quienes siguen creyendo, aun en medio del cansancio. No permitas que nos acostumbremos a la violencia ni al sufrimiento del hermano. Haznos constructores de vida, defensores de la dignidad humana, artesanos de verdad, justicia y reconciliación. Que, sostenidos por tu cruz y animados por tu resurrección, sepamos caminar como pueblo con fe perseverante, memoria viva y esperanza activa.”
Pereira, viernes 3 de abril semana santa del 2026.
