Lo que sigue

Lo que sigue

Alfonso Monsalve Solórzano

Un acercamiento a lo ocurrido el pasado 8 de marzo. Y para ello, comienzo con una comparación.

El Senado que finaliza tiene 108 curules: 100 por elección ordinaria, 5 para los ex Farc (Comunes), 2 para la circunscripción especial indígena, y 1 para el segundo en la elección presidencial, que pertenece a la oposición. Así las cuentas, El número de votos necesario para aprobar o rechazar un proyecto de ley es de 55, por lo que, a pesar de contar con los votos de Comunes y de los indígenas, a Petro le hicieron falta 38 para ser la mayoría, lo que lo obligó a negociar con miembros del Partido Conservador, Partido Liberal, Cambio Radical y Partido de la U, a punta de mermelada, es decir, de corrupción como la ocurrida en la UNGRAD, que hoy está llevando funcionarios y congresistas a la cárcel. Pero finalmente no le alcanzó para imponer su voluntad totalmente: iniciativas del Pacto, como la reforma a la salud o emergencia económica, no pasaron y, adicionalmente, las cortes y los organismos de control hicieron su trabajo, atajando engendros y judicializando a ministros y parlamentarios.

En la Cámara, por su parte,  se eligieron 187 parlamentarios, de los cuales 161 corresponden a los 32 departamentos y al Distrito Capital, 2 por la circunscripción de las comunidades, negras  1 por la circunscripción de las comunidades indígenas, uno para los raizales de San Andrés y Providencia, 1 por la circunscripción internacional y 16 de las víctimas del conflicto; 5 del partido Comunes, y 1 al segundo lugar en las elecciones presidenciales. El Pacto sacó 27 curules; y el Centro Democrático 16 (superado por el PL, 32, el PC, 25 y empatado con Cambio Radical). El Pacto Histórico tuvo más manejo en la Camara en razón la mermelada.  El número mínimo de votos para aprobar o desaprobar un proyecto de ley es de 94.

Para el período 2026 – 2030: El Senado elige 103 congresistas, por lo que la mitad más 1 para aprobar un proyecto será 53. Con los escrutinios en curso, el preconteo del Senado señala que el Pacto Histórico sacó 25 curules en el senado, 5 más que en la elección del 2022, pero pierde los 5 de Comunes; y que el Centro Democrático obtuvo 17, 4 curules más de las que tienen en la legislatura actual y Salvación Nacional 4, que contarían como oposición total; pero el PL sacó 13, el Conservador 10 y La U, 9. Si todos votaran por la oposición harían mayoría de 53.

Y, en cuanto a la Camara, de 183 escaños, hasta ahora, el Pacto sacó 41 y el CD 29, empatado con el PL, mientras los conservadores, Cambio Radical- ALMA, 6, el Partido de la U 11, Creemos 2, y una constelación de alianzas regionales distintas al Pacto un número por definir de votos.

Eso hace del Pacto la primera minoría del congreso y al Centro Democrático, la segunda. Para que el Pacto pudiese imponer sus proyectos, como la Constituyente, va a necesitar 93 votos en la Camara y, como ya se dijo, 53 en el senado. Pero esos votos no están garantizados en partidos como el liberal, el conservador y de la U por lo que habría que buscar alianzas con ellos y con otros sectores en cada proyecto de ley que se vote.  Es difícil, pero no imposible.

La consulta, en cambio, arrojó como claro ganador a la Coalición Gran Consulta por Colombia con 5.867.395 votos y en ella, al Centro Democrático con Paloma Valencia con 3,236. 286; y al que quedó de segundo, Daniel Oviedo, con 1.255.510. Este le ganó de lejos a los candidatos de su consulta, pero, sobre todo, a los de las otras.

Paloma Valencia, después de consultar a su partido, eligió a Oviedo como su compañero de fórmula. Ha sido muy discutido porque es un personaje polémico, que para mi gusto es un poco volátil y habla mucho. Pero también es un gran economista, se identifica como de centro, posee un gran carisma y convoca a ciudadanos que se sienten diferentes y/o excluidos. Tiene un gran potencial. Y las conversaciones que necesariamente sostuvieron Paloma, su partido y sus asesores con él, deben haber dejado en claro que tienen importantes diferencias, pero más coincidencias frente a la seguridad, el narcotráfico, la salud, la educación y la inclusión. A pesar de mis reservas, pienso que es una persona de palabra que no provocará un cisma en la campaña. Lo digo por lo que han sido sus actuaciones públicas.

Algunos piensan que ponerlo en el tarjetón como candidato a la vicepresidencia es quitarle votos de la derecha. Es posible, tal vez de los más radicales de esta vertiente. Pero hay que entender que puede atraer muchos votos de centro e indecisos, incluso, de derecha, de gente que no siendo petrista, no votaría por una fórmula de derecha radical del Centro Democrático. Creo que ese espacio está siendo llenado por el candidato Abelardo de la Espriella, y los militantes del Centro Democrático y los ciudadanos de otras organizaciones o simplemente sin partido que se alinean con esa tendencia, no votarían por Paloma Valencia aunque su formula presidencial fuese otra. Ellos ya hicieron su escogencia. En cambio, la derecha moderada y el centro, así como mucho voto de opinión, pueden verse muy bien representados por la dupla Valencia–Oviedo, que tiene una gran posibilidad de pasar a la segunda vuelta. El apoyo de todos los otros postulantes que participaron en gran consulta y se presentan como una coalición, también es una demostración de lo acertado de esta elección. Se trata ésta de una coalición amplia, de matices que privilegian lo común y los petristas lo saben y lo resienten. La prueba está en los insultos homófobos de Petro -el declarado luchador de los derechos de las minorías sexuales y de la igualdad de género, claro está de boca para afuera- contra Oviedo.

Por otro lado, los denominados candidatos de “centro” quedaron acabados políticamente con la victoria de la Gran Consulta por Colombia. El talante de Valencia y las posiciones de Oviedo los dejaron sin discurso. Había que verles la cara de derrota a Fajardo y López los días siguientes al domingo y su búsqueda desesperada de compañeros de fórmula; el uno, hablando de que es el poseedor del centro y de que todos los demás son los extremos. Y la otra, que dice querer la inclusión y la tolerancia, insultando desaforadamente al uribismo.

Si Valencia–Oviedo realizan una campaña incluyente, que dé salida a las necesidades de los ciudadanos colombianos, tan golpeados como están por Petro, y les explican, sin insultos, pero con la verdad de los hechos, que Cepeda es la aceleración de esa tendencia suicida y dictatorial, pueden ganar. De la Espriella, por su parte, estoy seguro, no recibirá descalificaciones. En el momento que haya que puntualizar un asunto, se hará con argumentos y no con ataques ad hominen. El país espera que si Valencia–Oviedo ganan la coalición, los apoye. Si triunfa, la Colombia no petrista, no tiene otra opción que él, eso sí, moderando su discurso como debería ser si llega a su caudal gente de otros sectores.

Lo ideal es que hubiera una sola candidatura desde el centro hasta la derecha, pero todo indica que eso no va a ocurrir. El país debe estar preparado para los desafueros de Petro, sus señalamientos, su lenguaje desbordado, el azuzamiento de sus partidarios para que ejerzan la violencia contra nuestros candidatos y la campaña, participando abiertamente en política a pesar de tenerlo prohibido por la Constitución y la ley, impulsando una abierta lucha de clases y una estrategia  perversa y sostenida para descalificar el resultado de la elección, como una manera de atemorizar antes de elecciones, y crear el caos después de ella. Y también debemos saber que repartirá billones en compra de conciencias a través de subsidios y prebendas. Debemos estar preparado para todo eso, si queremos ganar.

Hay que hacer respetar nuestras campañas y nuestros programas. Movilizarnos, denunciar, mostrar las características abiertamente antidemocráticas del candidato Cepeda, todo dentro de la ley y pacíficamente. Si no, pasarán por encima de nosotros a punta de atemorizarnos hasta impedir que nos movilicemos y votemos para ganar.