Alexander Cambero
Dos océanos besan sus costas como el presagio de un destino lírico para Colombia. Ese péndulo entre dos extremos es lo que se ofrece en el devenir de la elección presidencial del país. El ciudadano tendrá la posibilidad de escoger entre las bondades que ofrece la democracia como el combustible de la libertad.
Frente al totalitarismo enmascarado que representa Iván Cepeda en su rol de ser el semblante modificado de un pasado infausto en donde sus acólitos llenaron de muerte y desasosiego a toda una nación a la que colmaron de tumbas sin rastros ni rostros. Nadie podrá olvidar la violencia que generalizaron toda esa corte de adherentes que rompen filas con la nominación presidencial del Pacto Histórico; es igualmente el continuismo de la mala hora de Gustavo Petro como el protagonista de una obra de gobierno terrorífica. Como si habláramos de blanqueo de capitales, la pretensión de Cepeda es lavarle el rostro al crimen. Que la ilegalidad pueda mutar hacia un estado de confort constitucional. Son los mismos pérfidos de siempre, solo que ahora buscan tener una patente de corso irrompible para poder actuar a sus anchas.
En cambio, Paloma Valencia representa los valores y principios de una mujer que se conduce por los cánones democráticos aprendidos en el seno de una familia ejemplar. Su trabajo siempre fue inspirado en lo mejor para Colombia. Es parte de una raíz que viene de generaciones de lealtad al servicio de la nación.
La realidad nacional es persistente y caprichosa. Para abordarla con el vivo interés de transformarla, es necesario darle al ciudadano una alternativa que sea distinta a la desgracia que se vive por culpa de una administración que privilegia la supresión de la libertad. Por ello es necesario que todos hagamos el esfuerzo necesario para llevar a Paloma Valencia, la primera mujer presidente de Colombia. Sus incuestionables méritos son un aval para sus nobles aspiraciones.
El ciudadano colombiano es el factor decisivo en esta gesta democrática. El cambio político es necesario para sacar a Colombia del abismo en donde la metió el desgobierno de Gustavo Petro, representado en la elección por el filósofo del averno Iván Cepeda, la voz de los peores escarnios en contra de la civilidad.
El buen augurio acompaña a Paloma Valencia. Con el alma limpia y el corazón fuerte, cruzará el umbral de una nueva era en donde el desarrollo sea la punta de lanza del cambio deseado. Con Paloma Valencia llegará el futuro promisor.
@alecambero
