¿Qué mensaje enviaron los electores a la clase política el 8 de marzo?

¿Qué mensaje enviaron los electores a la clase política el 8 de marzo?

Eduardo Mackenzie

Iván Cepeda se dejó contar. Su coalición, el Pacto Histórico, obtuvo 25 escaños en el Senado. El candidato comunista canta victoria. Se siente ya manejando el poder legislativo colombiano y los otros poderes, como trató de hacerlo Gustavo Petro. ¿Por qué tal euforia? La coalición de Cepeda, el Pacto Histórico, obtuvo en la elección legislativa de antier 25 escaños, de los cien que componen el Senado colombiano. El PH parece ser, en efecto, la fracción mayoritaria del Senado.

Sin embargo, la política suele ser más complicada que la aritmética. Las curules de los ocho partidos restantes suman 75. Conclusión: la extrema izquierda pro-Farc que representa el Pacto Histórico y su candidato Iván Cepeda, son una minoría, no representan sino una cuarta parte del electorado nacional.

Las 75 curules de los ocho partidos tienen una característica: todos ellos, a pesar de sus diferencias, matices y errores, hacen parte del arco republicano. Ninguna de esas fuerzas políticas tiene o ha tenido nexos con milicias, narco-guerrillas y escuadrones de la muerte. Ninguna de ellas busca la destrucción del adversario político, ni del sistema de democracia representativa de Colombia, ni el desmantelamiento del capitalismo de mercado. Esas fuerzas acatan la Constitución Nacional.

Esos rasgos cuentan mucho, sobre todo en estos tiempos de transición en América Latina y Estados Unidos. Esos rasgos erigen, de hecho, un cordón sanitario entre ellos y el Pacto Histórico, aparato fundado apenas en febrero de 2021. Este incluye partidos de perfil particular por su ideología, métodos y objetivos. En el PH confluyen corrientes extremistas: el Partido Comunista de Colombia, la Unión Patriótica, Colombia Humana y el Polo Democrático Alternativo, entre otros grupos como Progresistas, la Minga Indígena Política y Social, el Movimiento Alternativo Indígena y Social, el Partido del Trabajo de Colombia, Alianza Democrática Amplia y Todos Somos Colombia. Algunos de ellos perdieron o no tienen personería jurídica.

En el PH lleva la voz cantante la Colombia Humana, dirigido por Gustavo Petro y exjefes de las FARC. Esa coalición apoyó las medidas del gobierno actual y cada paso que dio para desmantelar la economía e imponer un modelo colectivista antediluviano, corrupto y violento. Esa coalición, no hizo nada para que las víctimas de las FARC obtuvieran justicia y fueran indemnizadas por sus victimarios. No ha movido un dedo para que sea descubierto quien ordenó el asesinato del senador antipetrista Miguel Uribe Turbay.

El extremismo no puede seguir devastando el país

Casi todos esos grupos están involucrados en el alzamiento armado contra el gobierno de Iván Duque en 2021. Esas facciones apoyan la pretensión del régimen petrista de abolir la Constitución y suplantarla por una vertical de poder donde todo el aparato de Estado está al servicio de un tirano. Ellas apoyaron a Petro cuando logró desordenar y poner bajo su férula a algunos sectores de la justicia y de la Fuerza Pública. Todos callaron ante el antisemitismo de Petro y sus llamados dementes en Nueva York contra las fuerzas armadas de Estados Unidos y el presidente Trump.  

No se le puede reprochar nada de eso a los ocho partidos que tendrán el honor de utilizar sus 75 senadores para desmontar ese caos y reconstruir la economía, la seguridad, la paz y las relaciones exteriores de Colombia.

El mensaje que enviaron los electores el 8 de marzo a la clase política es este:  no derrumben ese cordón sanitario, no lo dejen pervertir con el entrismo del petro-santismo, no permitan que una minoría rompa ese cordón mayoritario y devaste aún más al país.

Iván Cepeda aspira a ganar la presidencia de la República en mayo para continuar las “reformas” marxistas, pero la coyuntura no es halagadora. Abelardo de la Espriella, la revelación política de 2026, contrario a esas perspectivas, es respaldado por más de cinco millones de personas que firmaron para que él pueda ser un candidato presidencial a pesar de que no hace parte de coalición alguna. En mayo ese caudal será doblado.

Los esfuerzos de Petro por conseguirle votos al PH, mediante la intimidación y demagogia más afrentosa, el derroche de recursos públicos en nombramientos burocráticos y contratos innecesarios y de una alza del salario mínimo que golpea ya al sector productivo, no aumentó realmente el peso electoral de ese sector.

Para hacer pasar sin tropiezos su programa de comunismo de guerra, píldora letal que Cepeda anuncia como un plan de “justicia social, paz y dignidad” (estilo Cuba, Venezuela y Nicaragua), el Pacto Histórico necesitaba controlar por lo menos 50 curules del Senado. Sólo llegó a la mitad y el partido Comunes de Timochenko y Sandra Ramírez perdió lo que tenía allí. 

La quimera del centrismo

La política de paz de Iván Cepeda será la de Petro: idéntica a la del mejicano López Obrador y su sucesora Claudia Sheinbaum, que la prensa resume así: “Frente a los narcos: abrazos, no balazos”.  Lo sorprendente es que Daniel Oviedo, adepto de los acuerdos de La Habana de 2016, y posible número dos de Paloma Valencia, quiere hacer lo mismo. Pese a ello, Paloma está fascinada por el ex director del Dane. Ayer le dijo: “Eres libre y perfecto tal y como eres. Tu ejemplo nos inspira a escuchar con la cabeza, a amar lo diferente, y darlo todo por Colombia”.

¿Qué anuncia eso? Que el CD ha regresado a su pasado, al juego peligroso del uribe-santismo. Ello explica la atracción de ciertas figuras del Centro Democrático por el ilusorio centrismo, que urdieron el descarte de las figuras más capaces del CD como María Fernanda Cabal y Paola Holguín. Lo que hacen ahora, luego de alejar a la senadora Cabal, a quien calumnian con el epíteto de “extrema derecha”, es pedir el retiro de la candidatura independiente de Abelardo de la Espriella para dejar el campo libre a la fórmula Valencia-Oviedo.

La crisis ideológica del uribismo desemboca en eso: en creer que la salvación nacional vendrá de posiciones centristas, es decir de un izquierdismo encubierto. El localismo no les deja ver el declive que genera en Europa esa creencia. 

Otro revés de Iván Cepeda en los comicios del 8 de marzo fue el derrumbe del partido Comunes: éste no hará parte del próximo Congreso colombiano. Esa organización –creada por ex jefes de la narco-guerrilla FARC, gracias al llamado “acuerdo de paz” de 2016–, no logró el umbral mínimo requerido para estar en el Senado. Ello podría explicar la designación de Aida Quilcué Vivas, la irascible senadora indígena, como eventual vicepresidenta de Cepeda. Expertos electorales afirman que se trata de una operación más técnica que principista: es fácil transar en vastas regiones del Cauca donde el voto libre es proscrito por bandas de todo tipo.

“Esto apenas comienza”

De la Espriella estará en la primera vuelta presidencial. El partido Salvación Nacional, de Enrique Gómez Martínez, que respalda su candidatura, obtuvo 4 senadores y 2 miembros de la Cámara de Representantes. “La campaña por la presidencia comienza hoy”, declaró el candidato el 9 de marzo. El 12 de marzo revelará en Cali quien será su fórmula para la vicepresidencia. Si acierta, aumentará el entusiasmo que despierta desde el año pasado su candidatura atípica, sin logística, pero con ideas claras sobre lo que los colombianos deben hacer para liberarse del petrismo. Su consigna central “¡Firmes por la Patria!” contrasta con la retórica cansina de refritos abstractos leídos por Iván Cepeda en mítines artificiales, pagados a los asistentes en alimentos y transporte.

¿Interpretará correctamente Abelardo de la Espriella el mensaje de los electores del 8 de marzo? ¿Sobre todo aquello de que hay una obligación de ruptura con el petrismo, un deber de resistencia política total contra la extrema izquierda y su fanatismo destructor wokista? No lo sé. Espero que así sea cuanto antes.