No existe el derecho al aborto

No existe el derecho al aborto

Iván Tabares Marín

Un Acuerdo del Concejo de Bogotá alborotó a las feministas con enfoque de género de la izquierda. Aunque el Acuerdo fue objetado por el alcalde Galán, Laura Castro, coordinadora general de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, declaró en una entrevista para Cecilia Orozco Tascón en El Espectador del 15 de febrero: “Bogotá no puede modificar el derecho al aborto”. Y la CEO de Profamilia Marta Royo declaró, el 23 de febrero en El Tiempo: “Colombia ha avanzado de manera significativa en la garantía del aborto como derecho fundamental” (…).

Hace unos dos años escribí en una columna que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos había dictaminado que el aborto NO es un derecho fundamental, y que nuestra Corte se había expresado en el mismo sentido. Algunos estados norteamericanos se apresuraron a modificar las normas relacionadas, lo que no sucedió en Colombia.

La explicación de esa decisión de las cortes es muy sencilla. Los derechos humanos fundamentales se predican, en cualquier democracia, de todo ser humano por el hecho de existir sin ninguna otra consideración como raza, sexo, GÉNERO, opinión, religión, edad, identidad, etc. Por tanto, no hay derechos humanos fundamentales distintos para hombres y mujeres.

El problema relacionado con el aborto se ha complicado por muchos motivos. Veamos algunos. La Nueva Izquierda busca un cambio cultural nacido del enfoque de género, el antirracismo, le religión ecológica, el movimiento Woke, el movimiento Queer y la distopía posmoderna. Su objetivo es destruir nuestra cultura como base para la abolición del capitalismo y la democracia.

En segundo lugar, la izquierda es una organización internacional del crimen aliada con los grupos terroristas musulmanes, narcotraficantes, pedófilos, clínicas de abortos y ONG de grandes universidades de Occidente que pagan a diversos medios y organizaciones feministas por la difusión de esas ideologías. Agustín Laje ha denunciado a algunas de esas universidades norteamericanas y periódicos colombianos.

Tercero, existe en nuestras cortes un importante grupo de magistrados que fueron adoctrinados en las universidades y defienden esas teorías perversas que buscan acabar la organización familiar y nuestras identidades. Por eso asumen funciones legisladoras no asignadas en la Constitución Nacional. Cuarto, si los derechos se predican de los humanos por el hecho de existir, el Congreso y las altas cortes no pueden legislar sobre el no nacido que, según el derecho, no existe.

Quinto. Entre las causales aprobadas por la Corte existe una que fácilmente puede ser burlada: la enfermedad grave que ponga en peligro la vida de la madre. En un escándalo reciente en Profamilia, la madre amenazó con quitarse la vida si no le practicaban el aborto y un médico certificó “el grave peligro”. En ese caso el padre del bebé no estuvo de acuerdo con el aborto.

El Concejo de Bogotá estableció unas condiciones para realizar el aborto, como un examen sicológico de la madre, lo que parece ser necesario por aquello del infanticidio al que recurren algunas madres con trastornos mentales graves