Alfonso Monsalve Solórzano
Hoy no escribiré un ensayo un largo artículo para denunciar el gobierno de Petro, ni la historia de la resistencia del pueblo colombiano a la catástrofe que él representa. Llevo años haciéndolo, manteniendo una línea de pensamiento coherente, mostrando como el presidente ha hecho todo lo que ha podido y más para acabar con nuestra democracia, en compañía de sus conmilitones y de las organizaciones narcoterroristas; pero, igualmente, mostrando cómo nuestros ciudadanos han logrado, de alguna manera, contener tan siniestro plan, a pesar de que nunca en su historia se enfrentó a un desafío tal, y, por lo tanto, carecía de la experiencia necesaria para hacerlo.
Los colombianos hemos entendido el valor de nuestra democracia y de nuestras instituciones mediante el camino difícil, el de comprender su valor en tanto han funcionado como muro de contención para detener la destrucción de nuestra democracia, a pesar de los ataques que han recibido con la intención de someterlas o destruirlas.
En efecto, las cortes, el congreso, los organismos de control y las organizaciones de la sociedad civil han sido golpeados porque no se le han arrodillado a Petro cuando este entrega el país a los narcoterroristas y cubre de inseguridad y sangre nuestro territorio; o, cuando enriquece a funcionarios y familiares del gobierno y usa el poder del dinero para corromper a un buen número de congresistas para que le aprueben unas reformas que terminan destruyendo el derecho a la salud, o cercenando el derecho a la educación, o recortando el derecho a una vivienda diga por parte delos colombianos pobres; o busca arruinar a nuestro país a nombre de una falsa política energética; o cuando trabaja para crear una casta de parásitos a punta de contratos que edifica sobre reformas tributarias cada vez más confiscatorias, para comprar votos y elecciones. El instinto depredador de Petro es insaciable; pero la resistencia de pueblo colombiano es infinita.
Hoy es un día decisivo en esa resistencia. Se elige un nuevo congreso. El presidente quiere obtener la mayoría en él, como sea, al precio que sea, para imponer las reformas nefastas que, hasta ahora, las instituciones colombianas han logrado detener. Sabe que siendo mayoría en el parlamento impondrá su proyecto de constitución fascista, de composición gremial, en la que sectores que controla dentro de comunidades indígenas, negras, campesinas y sindicales, tendrán un peso tal que inclinarán la mayoría en la imposición del plan, que quiere modificar, precisamente, la independencia de las instituciones del poder judicial, del congreso y de los organismos de control, para ponerlos bajo la égida del presidente. Y ya sabemos que es lo que se viene con Cepeda: la “profundización” de las “reformas” sociales” y la “paz total”, para sus amigos de las disidencias y otros grupos narcoterroristas. Sería el fin de la justicia, la representación, la libertad y la convivencia social; así como de la propiedad privada. Sabe además, que con una mayoría parlamentaria, la inmensa maquinaria electoral que ella representa pavimentará el camino a la presidencia.
Ahora bien, es consciente de que una ola de indignación sacude a los colombianos del común y por eso vocifera denunciando un fraude electoral, cuestionando el sistema de escrutinio y casi que llamando al desconocimiento de los resultados, maniobra esta, que si le funciona , puede llevar al país a un callejón sin salida que culmine en una ola de violencia y/o a la suspensión del proceso electoral, que le permita hacerse de su control y determinar su resultado luego de intervenirlo según sus intereses y los de Cepeda.
No obstante, los colombianos hemos escuchado del registrador, el procurador, el contralor y el CNE, así como de organizaciones de la sociedad civil como el MOE, que tal peligro no existe y que el fraude podrá ocurrir porque hay lugares del país donde agentes violentos determinan el voto, o por la compra de votos en la que son expertos los petristas.
Esos sí son peligros reales, difícilmente controlables. Habrá fraude impulsado por el gobierno y sus socios de los grupos narcoterroristas y por la compra de votos que comenzó con la firma de centenares de miles de contratos firmados a dedo por el gobierno y que hoy se hará mediante el pago de sufragios en dinero y en especie. Pero esa será una tendencia reversible si cada colombiano que siente la opresión del gobierno de Petro que le quita su derecho a la salud, o su acceso a crédito barato en el ICETX o el subsidio para la compra de una vivienda social o prioritaria, o está golpeado por la rebaja de su pensión resultado del incremento del salario mínimo, o por el aumento desbordado de su cuota de administración. o que está indignado por la corrupción; si cada colombiano de estos, digo, vota contra Petro y los candidatos que lo representan. Es hoy o nunca.
Yo, por mi parte, votaré por el Centro Democrático para el Senado, la Camara y la consulta. Ojalá esta noche, celebremos un triunfo abrumador.
