Rafael Uribe Uribe
En la fauna política nacional existe un espécimen fascinante: Cepeda, el político profesional que ha vivido tantos años del Estado que podría pedir pensión por antigüedad, aunque jamás ha administrado ni una fotocopiadora. Es un fenómeno digno de estudio, vive del presupuesto público, respira burocracia y se alimenta de discursos, pero no ha tenido contacto con la difícil tarea de gestionar algo que produzca resultados.
Su hoja de vida es impecable… siempre y cuando uno no busque experiencia gerencial. Ahí el documento es desértico: ni una alcaldía, una secretaría, una dirección técnica, ni nada donde haya tenido que responder por indicadores, metas o presupuestos. Su mayor logro administrativo ha sido firmar la asistencia a las sesiones del Congreso.
Eso sí, en el arte de la narrativa política es un maestro. Ha construido una imagen de defensor, de opositor, de vigilante moral del país. Ha estado en marchas, audiencias, debates, foros, conversatorios y ruedas de prensa. Ha opinado, sobre todo. Ha denunciado todo. Ha criticado todo. Pero gobernar, lo que se dice gobernar, jamás.
Y ahora, en plena crisis nacional, cuando el país necesita gestores capaces de tomar decisiones difíciles, aparece como opción “natural” para liderar. Como si la simple acumulación de años en el Congreso, perseguir sin cuartel al presidente Uribe, su formación académica y comunista detrás de la cortina de hierro y su pertenencia a las Farc que aparece en los computadores y memorias de ‘Raül Reye’ que Interpol y los Estados Unidos aseguran que no fueron manipulados, fuese equivalente a un doctorado en administración pública. Como si la militancia fuese experiencia ejecutiva. Como si hablar de paz o justicia fuera lo mismo que manejar un presupuesto deficitario o un sistema de salud colapsado.
El país está incendiado, pero algunos creen que la solución es entregar el extintor a quien nunca ha apagado ni una vela. Es un acto de fe admirable confiar en que alguien sin experiencia gerencial podrá dirigir un Estado que exige decisiones rápidas, técnicas y medibles.
La política colombiana arrastra numerosos problemas y, quizá el más grave, sea esa tendencia a equiparar años de presencia con competencia, y palabras grandilocuentes con gestión. El país no necesita más especialistas en oratoria; necesita administradores eficaces, ejecutores, personas que comprendan que gobernar va mucho más allá de los discursos y que no se trata simplemente de un poema.
El Rincón de Dios
“Por sus frutos los conoceréis.” Mateo 7:16
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Guía sencilla para las elecciones del 8 de marzo
Rafael Uribe Uribe
Las elecciones del 8 de marzo son una oportunidad crucial para el país. Es esencial elegir un Congreso responsable y comprometido, que respalde al próximo gobierno en la tarea de impulsar reformas impopulares, pero necesarias para restablecer la hoy deteriorada democracia.
¿Cómo marcar correctamente el tarjetón?
El próximo 8 de marzo, estamos llamados a participar en las elecciones que definirán el rumbo político del país. Es fundamental acudir a las urnas informados y preparados, comprendiendo la importancia de cada voto. Esta guía pretende ayudarte a ejercer tu derecho de manera consciente y responsable, recordando el peso que tiene tu decisión en el futuro de nuestra democracia.
• Listas cerradas: Marca únicamente el logo o recuadro del partido de tu preferencia. No marques ningún candidato individual, ya que el orden lo establece el partido. Una sola marca clara en el recuadro del partido basta. Lo usual es una X.
• Listas abiertas: Marca el logo o recuadro del partido y, si lo deseas, también el número del candidato preferido dentro de ese partido. Si solo marcas el partido, tu voto es para la lista; si marcas partido y candidato, el voto cuenta para ambos.
• Consulta en el tarjetón: Ubica el espacio destinado a las consultas interpartidistas o internas. Realiza una única marca en el recuadro del candidato o partido que apoyas, siguiendo las instrucciones específicas. No hagas marcas fuera del área de la consulta, ya que esto anula tu voto. Si no deseas participar en la consulta, anula el tarjetón marcándolo todo con una “X” para evitar posibles fraudes.
Recomendaciones finales
Votar es un acto de responsabilidad. Hazlo con calma, claridad y convicción para que tu voto sea válido y cuente en el proceso democrático.
Participa con ilusión. ¡Tu voto cuenta para construir el futuro que deseas para la patria! Recuerda que solo hay dos opciones: el comunismo que ha sido un desastre administrativo y la mayor corrupción en décadas, o la democracia. Mira con paciencia que te ofrece el primero y que garantías te da antes de botar tu voto.
El Rincón de Dios
“La verdad os hará libres” Juan 8:32. Actuar con responsabilidad y honestidad en las elecciones es un reflejo de nuestro compromiso cristiano con la justicia y el bien común.
