Vamos a votar por un cadáver

Vamos a votar por un cadáver

Iván Tabares Marín

Luis Carlos Galán Sarmiento fue asesinado el 18 de agosto de 1989 por narcotraficantes. Pocos meses después pronostiqué que César Gaviria Trujillo sería elegido presidente de la República a pesar de que las encuestas no mostraban ninguna posibilidad de lograrlo. Esta vez nos corresponde votar por otro cadáver, Miguel Uribe Turbay asesinado por la izquierda aliada con narcotraficantes que, sin ningún pudor, siguen llamándose “guerrilleros” como si estuvieran todavía luchando por la toma del poder, 35 años después del fracaso de los regímenes comunistas.

Votar por un cadáver es votar por lo que él representaba con la misma fe que los cristianos profesan por el cadáver del Nazareno, para que Miguel Uribe se haga presente en una nueva Pentecostés y para que siga “viviendo” entre nosotros. Recordemos la metáfora de F. Hegel: “Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera dios”. Un demócrata fue sacrificado para que Colombia siga siendo una democracia.

Nunca olvidemos que desde cuando Gustavo Petro asumió la presidencia de la República envió a su canciller Álvaro Leyva a Irán para establecer un acercamiento con ese régimen rechazado por su pueblo y cuyo líder Alí Jameneí acaba de morir. De la misma forma, el exguerrillero enfermo mental manifestó su apoyo a Hamás, el grupo terrorista que acababa de realizar una masacre de jóvenes judíos que disfrutaban un concierto. Si agregamos los coqueteos de Petro con la dictadura China y su defensa del régimen de Nicolás Maduro, no quedan dudas sobre su compromiso con “los aliados del mal” o lo que he llamado “una organización internacional del crimen”.

Eso no significa que todo era perfecto en la política de nuestro país. Las formas extremas de corrupción, abuso de poder, mentiras y concierto para delinquir a que ha llegado el régimen de estos zurdos no tiene comparación con los saqueos del erario y abusos de los gobiernos anteriores de los partidos tradicionales, con la única excepción del Centro Democrática. Por eso el uribismo se convirtió para los mamertos en el enemigo por derrotar en el imaginario de los colombianos, según la estrategia política de los nazis y de su asesor Karl Schmitt.

El principal autor de la izquierda en la campaña para atacar al expresidente Álvaro Uribe Vélez fue Iván Cepeda. Como lo saben muy bien todos los colombianos, Cepeda nunca cargó un fusil como tampoco lo hizo Gustavo Petro porque ambos fueron cobardes milicianos o colaboradores de la guerrilla. Eso se demuestra en la autobiografía de Petro y, en el caso de Cepeda, en los correos encontrados en los computadores de alias “Raúl Reyes”.

Cepeda y Petro no le han aportado nada bueno a Colombia; solo han estado esperando una oportunidad para colaborar en el proyecto de la izquierda internacional y posmoderna de destruir lo que hemos logrado como nación: nuestra organización familiar, con su enfoque de género y su proyecto de legalizar el incesto; nuestra religión, con su alianza con terroristas; nuestra nacionalidad, con su plan de permitir el ingreso a Colombia de musulmanes como en Europa.