Luis Guillermo Echeverri V. Tres años gritó el pueblo indefenso: “Fuera Petro”. Hoy en medio del caos, el desastre del Estado, el terror que ejercen las organizaciones criminales y la informalidad de la boyante narco-economía que aumenta la brecha socioeconómica, la gente pide con desespero una “Colombia libre y unida”.El 8 de marzo se terminan el circo y la guachafita de los movimientos hechizos, la ruina moral de sucias componendas partidistas y la gruesa de egos que se sienten con poderes y capacidades presidenciales. Se baja el telón del preludio de las consultas, se cambia el escenario y empieza otra satírica opereta en la que el país se debate entre la miseria esclavizante de la consolidación de un Estado narcoterrorista que apunta a una dictadura constitucional o la posibilidad de volver a un sistema democrático de valores y libertades.Ese día quedarán nominados los muñecos que van a participar en un programa de “telerrealidad” en el cual poco aportan las maquinarias partidistas y quienes se elijan para cuerpos colegiados. Esos votos y esos porcentajes dejan de existir y no son transferibles. Unos votarán engañados por la ilusión de un mejor futuro, otros por el temor de desembarcar en la miseria probada de un totalitarismo narcoterrorista modelo SSXXI.Compite la democracia en una cancha donde no hay árbitro que haga cumplir las reglas contra el aparato propagandístico de un gobierno autocrático de delincuentes que no respeta la ley de garantías y que les vende a los estratos 2, 3 y 1 que representan el 75% de los votantes potenciales, la historieta de un país perfecto respaldada por el espejismo de un mayor ingreso real.El país tiene un inmenso potencial si vuelve a estar bien manejado. Tiene recursos y un capital humano virtuoso que hoy está migrando, pero con muy pocas excepciones, quienes ejercen liderazgo y poder, hacen parte de un sistema politiquero que promete mucho pero solo premia bandidos, el clientelismo y los contratistas del Estado.La ciudadanía está mamada del engaño de la política tradicional amancebada con el populismo que no le soluciona sus problemas existenciales, de los corruptos que usan el poder para robar en dimensiones inimaginables, del baldío liderazgo gremial e institucional y la ausencia de justicia.Lo único que quiere saber el votante consciente de que pasamos a ser uno de los países con peor calidad de vida, mayor déficit fiscal, mayor costo de la deuda, mayores índices de corrupción, violencia y actividad delictiva, es, si podrá llevar el mercado a la casa y pagar sus cuentas en medio de tan desenfrenada carestía, si va a tener empleo, cobertura de salud y medicamentos, si va a poder convivir seguro donde vive, y si tendrá la libertad de poder escoger por sí mismo su destino y anhelar que el Estado no le robe los impuestos y cumpla sus funciones esenciales garantizando justicia, educación, infraestructura y servicios eficientes.Está el electorado obligado a observar un “show de telerrealidad” donde solo le puede ganar a un gobierno tramposo, quien tenga la capacidad tecnológica de realizar una comunicación digital que genere un efecto emocional que cautive una mayoría dentro de un mercado potencial de votantes que tiene muchas razones de peso para no creer ni en los políticos ni en los partidos; un mercado electoral desconfiado, apolítico e indeciso, integrado por esas personas que aspiran a poder ser libres y tener oportunidades que les permitan tener un mejor país y una mejor calidad de vida.Esperemos que alguno de los que creen poder ser capaces de gobernar a Colombia de manera responsable, le logre generar confianza a la gente, y que tantos cotudos dejen de lado egos, intereses, enfrentamientos, salgan del concubinato con el clientelismo y la farsa populista, y con humildad escuchen al pueblo y a Uribe, y entiendan que ni la presidencia es un juego de niños, ni el país es un juguete para destruirlo, que sin la unidad de propósito de nación y sin libertad, mayor será el descontento social de quienes claman respeto y protección a la convivencia ante el acecho de las organizaciones criminales que bien pueden dejar la ciudadanía en franca resistencia civil ante una inconmensurable y violenta narco-confrontación por el poder Estatal.
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