Gobernar no es amenazar

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Gobernar no es amenazar

Carolina Restrepo Cañavera*                                                                               

“Hay algo profundamente irresponsable y peligrosamente infantil, en la manera en que Petro entiende el poder.

No como una obligación institucional, sino como un pulso permanente. No como gobierno, sino como exhibición. No como Estado, sino como escenario.

Pero que quede claro: esto no es un “tire y afloje” entre dos personas en redes. Aquí no hay duelo de egos. Aquí hay un Presidente de la República jugando con un país, con su economía, con su empleo, con su estabilidad, con la vida real de millones de familias que no tienen cómo “aguantar” un experimento más.

Lo que vimos con el nuevo anuncio del salario mínimo, presentado en tono de desafío, casi como un castigo o una provocación, no es liderazgo social. Es una forma tóxica de ejercer el poder: convertir una decisión seria en una demostración de fuerza.

Como si gobernar fuera publicar amenazas. Como si “mandar” fuera subir el volumen.

Y el daño no se queda en el trino. Cada mensaje de ese estilo tiene efectos inmediatos: en expectativas, en inversión, en contratación, en precios, en confianza.

Una economía no se conduce a punta de impulsos. Se conduce con reglas, con coordinación, con técnica y con responsabilidad.

Lo más preocupante es que esto no es un error aislado. Es un patrón. Petro actúa como si el Estado fuera una extensión de su temperamento.

Y ese es exactamente el problema: un país no puede depender del estado de ánimo del Presidente.

Pero sería incompleto decir “es Petro” y quedarnos ahí. Porque el desastre no es solo el protagonista; es el elenco. Lo que lo rodea no tiene estatura de gobierno. No hay estadistas. No hay sentido de Estado. Hay activismo con cargo. Hay ideología con poder. Hay narrativa con presupuesto.

Y cuando el poder cae en manos de gente que no dimensiona lo que significa una frase presidencial, una sola frase, pasan dos cosas: el país se vuelve impredecible, y dos, los ciudadanos pagan el costo.

Porque la imprevisibilidad se traduce en riesgo. Y el riesgo se traduce en menos inversión, menos empleo y más pobreza. Así, literalmente.

Entonces sí: me parece un chiste. Pero de los chistes que no dan risa. De los que cuestan caro. De los que se pagan en la caja registradora, en la tasa de interés, en el cierre de una empresa, en la decisión de no contratar, en el joven que se queda sin su primer empleo.

El Presidente no está para “pulsos”.

El Presidente no está para “amenazar”.

El Presidente no está para jugar a ver quién se impone.

Está para gobernar.

Y gobernar en una república significa algo muy concreto: las reglas no son opcionales. La técnica no es un adorno. La institucionalidad no es un obstáculo.

La ley no restringe la democracia. La protege.

La ley no estorba  al poder. Lo limita.

Y sin límites, no hay democracia. Hay poder sin freno. Esto, ni me cansaré de decirlo.” (Febrero 15)

* Publicado en su cuenta de X (@carorestrepocan).

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