
José Obdulio Gaviria*
“Los aumentos de salarios sin criterio técnico son una estafa.
Para muestra, el botón de Venezuela:
Chávez decretó 21 aumentos salariales (más de uno por año):
Aumentos:
2008: 30%. (Lo justificó como “justicia social”, pero la inflación fue muy injusta: cerró ese año en 30,9%).
2011: 26,5%.
2012: 32,25%. La inflación fue 39,6%.
Maduro dobló la apuesta:
2014: 68,2%. Inflación fue del 68%.
2015: 30%.
2016: 300%.
2017: más de 300%.
2018: En ese año se inventaron el “salario mínimo integral” (que ahora quiere aplicar Petro en Colombia), con aumentos como 95% o más en algunos decretos.
2019: Aumento del 300%.
2021: Aumento del 289%.
Resultado: hiperinflación de más de 1 millón por ciento en 2018 (1.698.488%).
El salario real se desplomó muy por debajo de la canasta básica en cientos de dólares.
El patrón es claro: aumentos nominales masivos sin respaldo en productividad ni control fiscal → impresión de dinero descontrolada → hiperinflación → quiebras masivas de empresas, desempleo brutal y éxodo de millones de venezolanos.
¿Los colombianos queremos dejarnos llevar por Petro, Roy y Cepeda a semejante desastre? Un país que valore la estabilidad, el empleo real y el bolsillo del pueblo tiene que aplaudir al Consejo de Estado.” (Febrero 13)
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“Un salto del 23,7% en el salario mínimo –cuadruplicando la inflación y multiplicando por 25 la productividad media (que apenas crece 1%)– es una estafa, un golpe brutal para la economía real.
El pequeño comerciante de barrio, la dueña de la peluquería o el transportador independiente ya luchan con costos altos de gasolina, insumos y energía. Obligarlos a esos aumentos de golpe significa: despidos rápidos (sobre todo jóvenes y mujeres), más informalidad en las esquinas y familias que pierden el ingreso fijo.
Aumentos por encima de la capacidad productiva disparan el desempleo, especialmente en sectores vulnerables. No es elitismo; es proteger al que más sufre cuando las empresas cierran o reducen personal para sobrevivir.
Y hay algo peor aún: la bola de nieve de la indexación. En Colombia, como en Venezuela, el salario mínimo es la base para pensiones, cesantías, multas, arriendos, contratos públicos y subsidios. Un aumento sin bases técnicas desata una cascada:
costos laborales disparados →
precios de bienes y servicios al alza →
inflación acelerada →
El “aumento” es una estafa, se evaporará en semanas. El pan, la leche, el pasaje: todo sube, y el trabajador termina con menos poder adquisitivo que antes. Es un círculo perverso donde el populismo de corto plazo de tipos como Petro y Cepeda genera inflación crónica que castiga a los más pobres, a los que no tienen cómo indexar sus ingresos.” (Febrero 13)
* Publicados en su cuenta de X (@JOSEOBDULIO).
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