Encuestas y elecciones

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Encuestas y elecciones

Alfonso Monsalve Solórzano                                                                                                

Tres encuestas se han realizado en enero sobre la intención de voto a la presidencia; dos de ellas, sobre las consultas interpartidistas, y, una también sobre la intención de voto al congreso.

Estrictamente no son comparables, pues tienen metodologías diferentes; en su orden cronológico, Atlas Intel, contratada por Semana, entre el 5 y el 8 de enero, que encuestó a 4520 individuos obtenidos mediante muestreo digital; la de la española GAD3 para RCN, denominada la Gran Encuesta, del 13 al 15 de enero, realizada con encuestas telefónicas aleatorias aplicadas proporcionalmente en cada departamento según su número de habitantes; y la de Guarumo–Ecoanalítica, ejecutada para El Tiempo, entre el 14 y el 22 de enero, mediante recolección de datos en 83 municipios seleccionados aleatoriamente.

Como puede verse, la diferencia no está sólo en la metodología, sino en las fechas que se realizaron, porque la diferencia de siete días entre cada una de ellas, a semanas de las elecciones del congreso y las consultas para la presidencia, es crucial: la tensión política sube, las alianzas se concretan o se rompen en sus respectivos nichos, el rimo y el tono de las campañas se acelera, la intervención abierta del gobierno se dispara (con su alza del salario mínimo, su reforma tributaria y con el recorte de los ingresos de los parlamentarios para el nuevo congreso, por ejemplo)  y la percepción de los electores varía en este tiempo, bombardeada por la información y desinformación que recibe a caudales. Una semana de actividad política en esta época concentra más hechos, dudas, certezas y decisiones que en todo el año anterior. Y por eso la diferencia de 15 días entre el sondeo de Atlas Intel con la de El Tiempo; o la de ocho días entre la de RCN y la primera y del mismo lapso entre la última y la de RCN, cuenta políticamente y se refleja en el flujo de opinión.

No obstante, cada una, en tanto un cuerpo de información, muestra tendencias de opinión que parecen coincidir, con matices, en términos generales con las otras, en las elecciones presidenciales, de este año. Esto, a pesar de voces que descalifican especialmente a la contratada por RCN, sobre las otras, en razón de la metodología usada, que no diferencia la composición política de las regiones, lo que, según los críticos, le hace perder sensibilidad para medir la intención de voto, tanto para la presidencia como para el congreso.

Haciendo el ejercicio de sumar todos los candidatos de centro derecha para la presidencia, de un lado; y de izquierda, del otro, en las tres encuestas, se tiene que, para la primera vuelta:

En Atlas Intel, la izquierda acumula el 29,9 de los votos y el centro- derecha el 44.5%. En la de GAD3, la izquierda tiene 32.5% y la centro derecha, el 36.3 y en la de Guarumo, la izquierda tiene el 40.4% y la centro derecha el 42,1.

En todas gana el centro derecha, pero los porcentajes varían, y Cepeda crece en intención de voto. Esto, ya sea en razón, como dije, de la metodología o de que las encuestas, refleja el momento político, de alguna manera. En cualquier caso, en la de Guarumo disminuye la distancia a favor de la derecha, como se muestra en párrafo anterior. Y analizando exclusivamente a Cepeda, en la intención de voto para él, en Atlas Intel es del 26,5%; en CAD3, el 30% y en Guarumo, el 33,6%. Y, lo que es muy relevante, en las encuestas de GAD3 y Guarumo, Cepeda gana en todos los escenarios de segunda vuelta.

Así las cosas, ¿es hoy, un hecho, que Cepeda gana la presidencia? ¿Cómo explicar ese crecimiento? Además de las maniobras de Petro subiendo el 24% el salario mínimo e incorporar miles de nuevos funcionarios al gobierno y utilizar el dinero de la reforma económica (si la Corte Constitucional no se la echa para atrás), para comprar masivamente votos y conciencias,  uno de los responsables de esta situación es la fragmentación de la centro derecha: hay 9 candidatos en la Gran Consulta, la mayoría de los cuales no puede ganar, pero erosionan el volumen de votos para el objetivo -ya imposible, si todo sigue igual- de ganar en primera vuelta. Su conducta produce para muchos electores, la sensación de ruptura irreconciliable, egoísmo extremo y debilidad, en esta tendencia.

Pero hay, en el fondo, un aspecto muy positivo que la encuesta de GAD3 mostraría, como defiende Libardo Botero en el Periódico Debate:

Tomando las debidas precauciones, ocurriría que, a medida que la candidata del Centro Democrático se consolida dentro de la Gran Consulta, la intención de voto por Abelardo de la Espriella para la presidencia pareciera disminuir. En la encuesta de Guarumo, la candidata va en el 6,9% mientras que Abelardo está en el 18,2%, mientras que la de GAD3, tan discutida, como dije, por algunos, Paloma Valencia tiene el 5,3% y Abelardo el 22%.  Adicional a ello, la suma de los votos de los que participarán en la Gran Consulta, supera la suma de los votos que acumula Abelardo de la Espriella: el 24% versus el 18,2% en la encuesta de Guarumo. De aquí se colegiría que la tendencia de la opinión de centro derecha se inclina por Paloma Valencia. La causa sería que ella representa una opción con la que la gran mayoría de la franja de centro derecha se siente cómoda con una candidata que no causa rechazo en esa franja, por lo que arrastraría a toda la opinión, incluyendo los moderados de ese sector.

Pero para ello, afirmo, el flujo de votantes en la consulta tiene que ser lo suficientemente representativo, para que sea un fenómeno de masas que infunda respeto y arrastre opinión.

En ese escenario, Abelardo de La Espriella tendría que apoyarla en segunda vuelta, como prometió; es más, si la tendencia se consolida masivamente antes de la Consulta, debería impulsarla en primera vuelta. Un fracaso en la Consulta, si esta resultase débil y con poco respaldo popular, sería algo que no debería alegrar a los abelardistas, pues este también resultaría perdedor, porque Cepeda tendría la ventaja material, pero, muy especialmente, la ventaja sicológica sobre el centro derecha.

Otro factor a tener en cuenta es que el número de los que no votan o no responden en la primera vuelta es alto y va creciendo: el 5,7% en Atlas Intel; del 14% en de GAD3 y el 13%, en Guarumo. Estos dos últimos porcentajes muestran que todavía hay un porcentaje muy alto de gente por definir. Ese porcentaje podría determinar el triunfo entre la izquierda radical y la centro derecha. Por eso es tan importante tener una estrategia para ganarlos. Si estas dos condiciones se cumplen -votación masiva en la consulta y trabajo con los indecisos- y se pueden cumplir, la centro derecha derrotará a Cepeda y su grupo.

Por último, pero no por ello menos importante, es la elección al congreso. Se necesita, como dije en el artículo anterior, ganar esta corporación porque si no, la izquierda radical nos monta una constituyente a su imagen y semejanza.  La única encuesta que preguntó sobre ese tema fue la de GAD3, que como dije, fue criticada por algunos, no sin falta de razón, porque partidos que, tradicionalmente han sido fuertes, tienen poca intención de voto: el liberal, 7%; Cambio Radical, 4%, Conservador, 2%, la U, 0,4%. Esto no parece tener sentido. La encuesta, por otra parte, asigna el 23% del congreso al Pacto Histórico y el 15% al Centro Democrático.

No es posible, con esa información, anticipar cómo queda la composición de esa corporación, más allá de afirmar al del Pacto Histórico como primera minoría. Si no se llegase a consolidar una mayoría de centro derecha en el parlamento, estaríamos perdidos. De manera que hay que trabajar en ese frente y, buscar, entre otras cosas, información urgente sobre las tendencias al congreso, para tomar decisiones también urgentes en esa campaña.

Finalmente, hay que evaluar el impacto de la visita de Petro a Trump. El sentido común dice que el presidente norteamericano lo pondrá en cintura, lo que fortalecerá la campaña de la oposición colombiana; pero muchos dicen que con Trump nunca se sabe y que hay que esperar, no vaya a ser que, en su “pragmatismo” Trump haga una alianza con el petrismo para enfrentar al narcotráfico, de manera que lo fortalezca, lo que sería fatal. ¿Qué ocurrirá? Solo Trump lo sabe. Mientras, por ahora, trabajemos con lo que tenemos.

 

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