
Ernesto Macías Tovar
Petro está obligado a manejar la crisis con EE. UU. con diplomacia y responsabilidad, protegiendo nuestra relación estratégica.
No es arrodillarse ni bajar la cabeza, pero tampoco alzar la voz. Sin duda, la reunión con el presidente Donald Trump es lo más importante que le va a ocurrir a Gustavo Petro en su cuatrienio; infortunadamente, por la soberbia y el sectarismo ideológico, solo sucederá cuando está de salida. Mas no por eso puede dilapidar la cita para tramitar asuntos personales, como la visa o la Lista Clinton. La agenda bilateral es demasiado relevante y está en juego, especialmente para Colombia; por tanto, Petro debe concentrarse en lo fundamental.
Escribió el columnista Luis Noé Ochoa, en estas páginas: “La mejor diplomacia es la verdad”. Y así debe proceder Petro frente al “memo” que le entregue a Trump. Por ejemplo, en materia de narcotráfico, tener muy claro que las cifras reales de cultivos de coca y producción de cocaína las posee Estados Unidos; luego, allá no puede repetir lo que dice en redes sociales o en discursos en Colombia para agitar a sus fanáticos, porque lo confrontarán con los datos ciertos.
Petro tiene que reconocer que recibió a Colombia con 200.000 hectáreas de coca en 2022 –cifras de EE. UU.– y que la va a entregar con más de 300.000. Contar que desde que Santos (2015) suspendió la aspersión, ante el vacío, Duque (2018), incluso en medio de la pandemia, incrementó de 25 a 170 los grupos manuales de erradicación, conteniendo el crecimiento exponencial por nuevas siembras. Luego también debe aceptar que él –Petro– desmontó esos programas, al punto de erradicar solo 50.000 hectáreas en tres años.
Debe incluir en el “memo” que, según el Informe sobre las drogas de la ONU, a junio de 2025 la producción de cocaína pasó de 1.638 toneladas en 2022 a 3.708. Y, por su responsabilidad, Colombia volvió a liderar la producción mundial de drogas con el 67 % del total global. Así mismo, en lo referente a los carteles, Petro debe admitir que durante sus tres años y medio el Eln, las Farc y el ‘clan del Golfo’ se fortalecieron gracias a la permisividad de la llamada ‘paz total’, y que ha blindado a sus cabecillas con el remoquete de “gestores de paz”.
Ojalá, antes de la reunión, EE.UU. haga públicas las cifras actuales de cultivos y producción de droga entre 2022 y 2025. Esa preocupante verdad es indispensable para asumir compromisos serios que permitan recuperar la ayuda económica a través de un nuevo Plan Colombia, supervisado por el Departamento de Justicia y la DEA. Con el cumplimiento de lo acordado debe buscar que el país recupere la certificación en la lucha contra las drogas.
En materia de política internacional, Petro debe hablar con franqueza sobre sus vínculos de amistad con los regímenes de Venezuela, Cuba, Rusia e Irán, así como del coqueteo comercial con China en detrimento de Estados Unidos. No puede perder de vista que el secretario de Estado, Marco Rubio, conoce con precisión la realidad política latinoamericana y, desde luego, la colombiana. Decir la verdad, por incómoda que resulte, construye confianza y fortalece relaciones.
Pensando en el futuro de Colombia y no en lo poco que le resta de su mandato, Petro debe proponer una cooperación seria en todos los frentes con Trump, para buscar un trato preferencial en materia arancelaria. Tiene que recuperar la condición de socio estratégico de Estados Unidos, alcanzada por Duque.
Atendiendo el clamor de los gremios de la producción, Petro está obligado a manejar la crisis comercial con Estados Unidos con diplomacia, institucionalidad y responsabilidad, protegiendo las exportaciones y el empleo, y evitando que la narrativa retórica agrave nuestra relación estratégica. El “memo” a Trump no puede ser una coartada: debe ser veraz, contundente y útil para Colombia. Y, como le advirtió Juan Lozano: ojalá llegue cumplido a la Casa Blanca.
@ernestomaciast
19.01.2026
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