
Alfonso Monsalve Solórzano
Las elecciones se nos vienen encima: las de Congreso -y la Consulta- son el 8 de marzo, es decir, faltan siete semanas; y de ahí en adelante el remolino de la campaña presidencial se tomará el país hasta el 31 de mayo y el 21 de junio, si hay segunda vuelta, que es lo más probable.
Pues bien, sostengo que la oposición no está suficientemente preparada para enfrentarlas y ganarlas, pues carece de liderazgo indisputable, énfasis y orden en las prioridades políticas dadas por el debate nacional y las consignas, así como el contexto geográfico–político en el que se desarrolla. Esto es consecuencia del fraccionamiento, hasta ahora insuperable, de la centro–derecha, contrario a la capacidad de unidad de la izquierda radical, y constituye una dificultad casi infranqueable para enfrentar al oponente. La feria de vanidades y de egos del llamado club del 1% ha sido una traba para la democracia que, esperemos, se solucione en parte con la consulta del 8 de marzo. Digo en parte, porque a la primera vuelta presidencial la oposición llegará dividida entre abelardistas y consultivistas, desperdiciando así la oportunidad de ganar la presidencia en esta instancia, lo que constituye un grave descalabro y un riesgo extremo.
Esta división ha impedido la construcción de una campaña con un programa unificado y ha distraído la atención de las prioridades y los tiempos de estas.
Como dije más arriba, dentro de siete semanas, además de la consulta, en la que todos ellos están enfrascados -entre otras cosas, excluyendo sectariamente a Daniel Palacios- , se surtirá la elección del congreso 2026-2030, que será clave para detener la avalancha petro-cepedista envuelta en temas tan álgidos como la convocatoria de una nueva constituyente, que de ser aprobada por el parlamento, lo cual ocurrirá si el petro–cepedismo gana las mayorías en el legislativo, es un misil al corazón de nuestra democracia liberal, pues su proyecto corporativista, en la que no funciona el principio de una persona un voto, sino que habrá representación especial de las minorías manipuladas por el petro-cepedismo, impondrá una nueva constitución en la que todo el poder irá para el presidente, según el modelo de Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Esto, además de que un triunfo en las elecciones del congreso de esa corriente podría allanar su camino a la presidencia. Y, al contrario, un triunfo de la oposición sería una señal importante de que se derrotará al petro-cepedismo y pondrá presidente. De ahí que los partidos y grupos que tengan listas parlamentarias estarían obligados a trabajar arduamente en ellas para que saquen el mayor número de parlamentarios posible. Esa es la prioridad de hoy.
Y no será fácil: la campaña al congreso es el primer escenario en el que la libertad electoral se pone a prueba. Hace tiempo vengo denunciando que la presencia de los grupos armados, y, ahora, las bandas urbanas, han aumentado su presencia e influencia, ya no sólo en el campo, sino, también, en las ciudades. En la campaña anterior Petro apeló a la mal llamada primera línea, con la que logró doblegar a Duque, junto con el apoyo de los grupos armados en las regiones que controlaban. Aunque eran importantes, nunca lo fueron como ahora. Los grupos armados, que no tienen ideología, sino que son organizaciones criminales que viven de rentas ilegales como la cocaína, el oro y el coltán, son una amenaza mayor que la que se vivía en el 2002, al decir de un general activo citado por Semana en su artículo central, pues durante el gobierno de Petro han aumentado sus individuos en armas y su control territorial, como consecuencia de la política de Paz Total.
Dice el artículo que “Según las más recientes cifras entregadas por el Ministerio de Defensa, el ELN tiene un aproximado de 7.000 hombres; las disidencias de Iván Mordisco tendrían unos 4.000 combatientes; la Segunda Marquetalia, comandada por Iván Márquez, cuenta con 1.900 criminales; y el Clan del Golfo supera los 8.000 integrantes.” Y lo que es peor, “Las Fuerzas Militares admiten que el subregistro podría duplicar esas cifras por cada grupo armado ilegal” (Ibid). (https://www.semana.com/nacion/articulo/elecciones-bajo-amenaza-semana-revela-como-las-disidencias-de-las-farc-el-eln-y-el-clan-del-golfo-planean-interferir-en-la-contienda-electoral-hay-zonas-donde-el-voto-no-sera-libre/202602/).
Y, es claro que estas, junto con las bandas locales, determinarán la votación ya no sólo en poblaciones y zonas enteras de Cauca, Valle, Norte de Santander, Antioquia, Arauca, Chocó, para mencionar algunos, sino que influirán en los resultados en ciudades como Medellín, Cali y Barranquilla.
Y como si fuera poco, el alza desbordada del salario mínimo y la reforma tributaria impuesta por decreto y el inmenso endeudamiento del país con crédito externo hará que el petro–cepedismo inunde de dinero la campaña para intentar comprar millones de votos. Ojalá la Corte Constitucional y el Consejo de Estado desmonten estos adefesios.
La campaña para el congreso, entonces, será crucial. Hay que abordarla con toda seriedad. No se puede fracasar.
Ahora bien, el escenario que presento estará influenciado, para bien o para mal, por la conversación entre Trump y Petro del 3 de febrero, a un mes y cinco días de las elecciones de congreso. La política antidrogas del presidente norteamericano ha puesto en la mira al ELN y las disidencias de las FARC, Segunda Marquetalia, encabezada por alias Iván Márquez, y Estado Mayor Central, EMC, con presencia en Venezuela y Colombia. Ya desde hace días, Petro ha endurecido su discurso con el ELN, como ya lo había hecho con los grupos de las disidencias. Pero es sólo el discurso, o, a lo sumo, algún golpe aislado, porque como dije, de hecho, uno y otros son funcionales. Ahora, le llegó el momento de los hechos, asustado como está por una posible acción de USA en su contra.
En esa reunión tratará de venderle humo a Trump y culpar a la oposición de aliada del narcotráfico, algo que no le funcionará porque los hechos hablan por sí solos. Puede haber sonrisas, elogios y fotos dándose la mano, pero si no acuerda acciones concretas para desmontar el narcotráfico de esas organizaciones, no tendrá futuro en el lapso que le queda hasta el 7 de agosto. Y En USA saben perfectamente que su candidato presidencial, Cepeda, es amigo de alias Iván Marquez y del difunto Jesús Santrich. La tienen difícil.
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