Venezuela en transición

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Venezuela en transición

Elizabeth Sánchez Vegas*                                                                                          

“Venezuela en transición: la visión estratégica de Trump marca un hito, pero la legitimidad popular exige la inclusión de María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.

Días después de la audaz operación militar estadounidense que capturó a Nicolás Maduro el 3 de enero, el panorama en Venezuela refleja un avance significativo marcado por logros tácticos y la necesidad de abordar desafíos estructurales para una transición sólida.

La decisión del presidente Donald Trump de ejecutar esta acción, removiendo a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, trasladándolos a Nueva York, donde ya han comparecido ante un tribunal federal por cargos de narcoterrorismo, representa un cálculo pragmático alineado con “América Primero”, priorizando la interrupción de flujos de narcóticos y migratorios que impactan directamente a EE. UU.

Al respaldar a Delcy Rodríguez como presidenta interina, juramentada por el Tribunal Supremo con apoyo militar, Trump busca estabilidad inmediata, basada en un análisis clasificado de la CIA que destaca sus conexiones con el ejército para evitar un colapso caótico. Esta aproximación ha evitado un vacío de poder inmediato, con reportes de heridos leves entre fuerzas estadounidenses y detenciones esporádicas en Venezuela. Además, Trump ha anunciado planes para refinar y comercializar hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano, un movimiento que fortalece la independencia energética de EE. UU. y presiona por la expulsión de asesores cubanos, chinos, rusos e iraníes, generando reacciones positivas en Wall Street.

Sin embargo, este enfoque inicial, aunque lógico para mitigar riesgos a corto plazo, debe evolucionar hacia una estrategia que integre la legitimidad popular para asegurar resultados duraderos. En Venezuela, la cotidianidad se reanuda con cautela, farmacias y supermercados abiertos, pero con disparos nocturnos y activación de milicias bolivarianas, reflejando una incertidumbre que persiste. Reacciones globales subrayan divisiones: China y Rusia condenan la “agresión”, mientras la ONU advierte sobre precedentes y expertos del Atlantic Council analizan escenarios pos-Maduro, desde transiciones prolongadas hasta riesgos de inestabilidad si no se abordan raíces democráticas.

En este contexto, la verdad analítica emerge clara: la remoción de Maduro es un hito, pero la sostenibilidad depende de alinear con el mandato del pueblo, no solo con estructuras de poder existentes, reconociendo que, sin el apoyo decisivo de Trump, todo avance hacia la libertad sería imposible.

Consideremos la lógica paso a paso. Primero, la legitimidad electoral: las elecciones de julio de 2024, donde Edmundo González Urrutia y María Corina Machado obtuvieron el 67% según conteos independientes, pese a la manipulación del régimen, confieren a la oposición un apoyo innegable que Rodríguez, sancionada por abusos a los derechos humanos, corrupción y nexos con el narcotráfico, no posee. Encuestas independientes mantienen el respaldo a Machado en el 70–90 %, posicionándola como unificadora con una visión de mercados libres y Estado de derecho. Trump ha descartado a Machado, afirmando que “no tiene el respeto ni el apoyo” suficiente, influenciado por recomendaciones y el análisis de la CIA que prioriza el respaldo militar. Sin embargo, esto subestima datos electorales y populares: en un escenario libre, Machado podría capturar hasta el 90%, neutralizando resistencias internas con legitimidad genuina, no coercitiva.

Segundo, los riesgos estratégicos: respaldar a Rodríguez, con lazos profundos con Rusia (bases militares), China (deudas petroleras), Irán y Hezbollah, invita a sabotajes de actores internos como Cabello o Padrino, perpetuando crisis que se desbordan hacia EE. UU. La historia de transiciones, como en Irak o Libia, muestra que ignorar líderes legítimos genera insurgencias; en cambio, alinear con ellos construye instituciones resilientes, reduciendo costos a largo plazo en migración (millones de venezolanos en la frontera estadounidense) y narcóticos.

Con pobreza al 85% y crisis humanitaria persistente, un interinato sin mandato popular prolonga el sufrimiento, mientras Machado propone reformas que liberan potencial petrolero, reduciendo costos energéticos para familias estadounidenses. Pero Rodríguez no es una figura neutral: como vicepresidenta y exministra de Relaciones Exteriores, ha sido sancionada por EE. UU., la UE y Canadá por graves violaciones a los derechos humanos, incluyendo tortura y ejecuciones extrajudiciales, corrupción sistémica y nexos con el narcotráfico a través del Cártel de los Soles. Implicada en el escándalo “Delcygate”, donde se le acusa de sobornos a funcionarios internacionales y transporte irregular de maletas con contenido sospechoso, Rodríguez ha sido una arquitecta clave de la represión, supervisando servicios de inteligencia temidos por abusos sistemáticos. Su trayectoria la descalifica rotundamente para liderar una transición genuina: es una continuadora del chavismo corrupto, vinculada a fraudes electorales, malversación económica y alianzas con regímenes autoritarios que socavan la seguridad regional. Empoderarla equivale a perpetuar el ciclo de opresión, no a resolverlo.

Tercero, la oportunidad alineada con “América Primero”: Machado, planeando su retorno inminente desde el exilio, ve la operación de Trump como un “gran paso” y le dedica su Nobel de la Paz 2025, señalando disposición para alianzas. Su inclusión en negociaciones no es un riesgo, sino una inversión lógica: dialoga con militares, desmantela corrupción y reposiciona Venezuela como hub energético contra rivales globales, entregando beneficios tangibles como fronteras seguras y precios de gasolina más bajos.

Mientras este escenario se aclara, desentrañando redes chavistas con precisión quirúrgica y pavimentando rutas institucionales transparentes, una medida inmediata y estratégica sería que Trump solicite la liberación plena de todos los presos políticos. Con más de 800 detenidos según organizaciones independientes como Foro Penal y Human Rights Watch, estos individuos simbolizan el costo humano del autoritarismo, familias fracturadas, comunidades divididas. Exigir su libertad no solo alivia sufrimientos inmediatos y acelera la reconciliación, sino que asesta un golpe maestro a los líderes remanentes del chavismo, como Rodríguez, despojándolos de una herramienta clave de represión que han usado para intimidar y controlar disidentes. Esto evitaría posibles represalias al neutralizar focos de lealtad coercitiva dentro del régimen, disipando cualquier ilusión de continuidad autoritaria y demostrando un control real y contundente por parte de EE. UU. en la transición, fortaleciendo la credibilidad global y proyectando un liderazgo que integra humanidad con poder estratégico inquebrantable.

Presidente Trump, con su trayectoria en negociaciones astutas y oposición al socialismo, esta es la vía correcta: mantenga el enfoque pragmático inicial, pero integre de inmediato a María Corina Machado y a Edmundo González Urrutia. Ellos representan el mandato irrevocable del pueblo, fusionando pragmatismo con democracia transformadora, y sabemos que, sin su apoyo visionario, todo esto sería imposible. Los venezolanos y la diáspora claman por esto, y el mundo observa: elija el camino que no solo administra, sino que revitaliza Venezuela como aliado inquebrantable. Esta jugada maestra, lógica, basada en evidencia y alineada con valores compartidos, inmortaliza un legado de libertad y prosperidad. ¡Avance con firmeza: haga de esta transición un triunfo definitivo para América!

Nota final: Estamos viviendo estos eventos en tiempo real; mientras lees este artículo, nuevas acciones podrían estar en marcha, alterando el escenario con giros impredecibles que demandan vigilancia constante y adaptabilidad estratégica.” (Enero 7)

* Publicado en su cuenta de X (@elhabito).

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